Como era de esperar, cuando más ilusorio era el optimismo sobre la situación casi terminal de ETA, la banda ha aprovechado el Día del Soldado Vasco (Gudari Eguna) para acabar con aquella teoría. Un comunicado que ofrece paz a cambio de autodeterminación subraya con terminante elocuencia un horizonte en el que aparecen reflejados los conceptos del ultimátum. La organización terrorista plantea sus exigencias con estas palabras: "Sin actividad armada de ETA, ¿estarían dispuestos (se dirige expresamente a Zapatero) a respetar un proceso en el que los territorios vascos decidan sobre un futuro político?".
Por supuesto, ETA se cura en salud cuando advierte que un resultado negativo de la llamada consulta demostraría que el problema no es ella, como tal organización armada; y si, por el contrario, las respuestas fueran "positivas", darían paso a la solución del "conflicto", con ruptura territorial de España incluida, y supondrían el cese de la violencia.
Esta reaparición de la banda como "mensajera de paz" o de todo lo contrario, según el resultado de la eventual consulta llamada autodeterminación, coincide con la fiebre oficial por convertir a Madrid en sede de los Juegos Olímpicos del 2016. El chantaje está perfectamente definido. Ahora, el próximo viernes, en Copenhague, se decide la candidatura olímpica. El COI baraja (es un decir, porque seguramente ya todo está decidido) cuatro ciudades: Río de Janeiro, Chicago, Tokio y la capital de España.
Madrid ha ofrecido su candidatura "a vida o muerte". La famosa "corazonada", la inmensa movilización popular que brinda al COI la seguridad de una respuesta rentable para todos los episodios deportivos, desafía dos enormes riesgos: el fracaso político, con su diversa repercusión tanto en el Gobierno como en la regiduría de Madrid para el caso de que la candidatura fracase, y el factor nada descartable de que ETA, con un despliegue terrorista, convierta en inviable la pretensión española.
Hay que contar de antemano con un enorme esfuerzo policial, precisamente cuando las fuerzas de seguridad, en todas sus vertientes, han expresado al Gobierno y a las autoridades que le afectan un profundo malestar por las condiciones materiales y económicas en que su actividad tiene que desenvolverse.
Si ETA logra sabotear la necesaria tranquilidad de Madrid y de este modo condicionar negativamente la candidatura olímpica, podría hablarse en el plano político de un "petardazo" que se llevaría todo al garete. Sería lo más probable esa repercusión.
El otro aspecto político vendría dado por el fracaso de la candidatura sin necesidad de que ETA llevara adelante un plan terrorista. En la actual coyuntura, la operación oficial es delicadísima. El proyecto está concebido políticamente en términos de "sí o sí". El lobby español deriva sobre Zapatero los efectos de la representación, tanto en lo positivo, si el COI se inclina por Madrid, como en lo tremendamente negativo, si adopta la actitud inversa. La misión española pone por delante, en lo decorativamente deportivo, al Rey Juan Carlos, y en lo sentimentalmente histórico el significado de la personalidad de Juan Antonio Samaranch, que tanto benefició al olimpismo organizativo durante largos años de meritoria gestión. Estas personalidades componen la fachada negociadora de España en su momento definitivo.
Los rivales de España son importantes, como es obvio. Estados Unidos patrocina la candidatura de Chicago, y la fecha del gran acontecimiento olímpico coincide con el año, 2016, en que Barack Obama se despide de la Casa Blanca, se supone que con la intención de que ese adiós sea lo más glorioso posible. Es algo que no cabe poner en duda en el plano del esfuerzo político.
En cuanto a la candidatura de Río, ¿cómo no sopesar el significado de Brasil y la cotización internacional de Lula? La opción de Tokio se valora mucho menos.

