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Lorenzo Contreras

Lorenzo Contreras

España sin catenaria

14/03/2009 | 15:16 h.

En medio del desolador panorama que se ofrece a la vista, no todo corresponde por su gravedad a la escala de las categorías. Hay también graves episodios anecdóticos que revelan hasta qué punto nuestro país puede estar mal dirigido a cualquier nivel. Se ha sabido, por ejemplo, que un tren Alvia que cubría el trayecto de Santander a Madrid se paró el pasado miércoles con cuarenta pasajeros a bordo entre las localidades de Cervatos y Sopeña, y su catenaria estuvo sin suministro eléctrico durante más de cuatro horas. Cerca ya de las once de la noche, Protección Civil de Reinosa recibió un primer aviso. Mientras tanto, los pasajeros, sin luz ni calefacción, esperaban en vano alguna determinación que les sacara del trance. Por fin llegaron los de Protección, cuando ya hacía tiempo que las baterías auxiliares del tren habían dejado de funcionar. Repartieron a los desconcertados viajeros linternas, y algunos, los más asustados, tuvieron que ser atendidos.

¿Un incidente técnico explicable? Tal vez. Lo que ya dista de tener explicación es que Renfe tardara tanto tiempo en dar el aviso, cuando además se da la circunstancia de que la localidad más próxima, Reinosa, sólo dista cinco kilómetros del lugar del percance. Se trataba, en principio de avisar, pero ese trámite no se producía. ¿Por qué? Porque Renfe rechazaba informar de lo acaecido a los servicios de emergencia. Y hubo de ser uno de los pasajeros, el catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Cantabria, Manuel Lozano Higuero, quien con su móvil, y teniendo que vencer la oposición e incluso padecer las recriminaciones del interventor, que obedecía las instrucciones de la empresa, llamara al número 112 pidiendo la correspondiente ayuda.

El episodio es significativo, pero además sirve de metáfora de la situación casi general que se registra en el funcionamiento infraestructural de la Administración. El tren Alvia podría representar simbólicamente algo más que un factor de transporte. Cuando los problemas tienen solución o remedio y resulta que una instrucción administrativa ordena que no se recurra a servicios de emergencia, surgen motivos para imaginar que la crítica ciudadana por el mal funcionamiento, aunque sea eventual, de un determinado "engranaje" del aparato estatal, causa mal estar oficial en estos momentos. No deja de ser elocuente, o así lo parece, que precisamente el episodio del tren Alvia pueda ser referido a la competencia, o más bien incompetencia, del ministerio de Fomento, departamento símbolo de todo lo demás.

Falló la catenaria, precisamente el dispositivo a que hizo referencia irónica "Maleni" Álvarez, titular de dicho departamento, cuando le llovían críticas por el desbarajuste de los transportes en general, antes, durante y después del último accidente de avión. Venía a decir que ella no podía colgarse de una catenaria, o algo parecido, cuando surgía alguna circunstancia relacionada con el transporte ferroviario.

Por el camino de Santander a Madrid, siempre dentro de la intención metafórica, han transitado con este episodio del Alvia no pocas consideraciones sobre la fluidez de funcionamiento de la España actual. El Alvia podría simbolizar al Gobierno que trata de ocultarse a las miradas críticas y no avisar, debiendo hacerlo, a determinados "servicios de emergencia". De vez en cuando surge "in extremis" un rapto de sinceridad, como el que ha protagonizado la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega cuando ha comentado ante la comisión de subsecretarios, en su última reunión: "No sois conscientes de la situación que atravesamos". Lo malo es que a esos niveles no hay ninguna personalidad que saque del apuro, con o sin móvil de alarma, a una Administración embarrancada. O sea, un tren con la catenaria sin electricidad propulsora.

14/03/2009 | 15:16 h.

Lorenzo Contreras

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