Podría empezar poniéndome dramático y decir que, cuando el poeta peruano César Vallejo dijo aquello de ‘¡Cuídate, España, de tu propia España!’, yo estaba convencido de que no sólo advertía a aquellas dos Españas, de las que hablaba Machado, sino que también se refería a estas que nos ha tocado vivir. A esta España que está dividiendo, irresponsablemente, a la propia España, con una manifestación separatista como la de ayer.
Y podría seguir diciendo que el espectáculo, entre la farsa y el esperpento, que se vio en Barcelona por parte de unos españoles ‘a su pesar’, que decía Cernuda, así lo demuestra y que por ello habría que estremecerse.
Sin embargo, pienso que, hoy precisamente, lo que hay que hacer es desdramatizar lo sucedido porque, a fin de cuentas, la manifestación de ayer no fue más que una comedia.
Una comedia en cuyo argumento Cataluña resulta ser una joven ‘ligerita de cascos’. Una niña ‘bien’ que se quiere ir de la casa de los padres porque tiene la cabeza llena de utópicas ideas de independencia, pero que, al mismo tiempo, quiere seguir trayendo a casa, todos los fines de semana, la ropa sucia para que se la lave mamá y para que papá, de paso, le dé su asignación semanal para juerguitas y se encargue de cubrir los gastos de su tarjeta.
La cosa es así de sencilla y así de fácil de explicar.
Es cierto también que hay ‘padres’, en España, que aceptan la situación de la caprichosa ‘niña’ catalana. Se lo han consentido todo desde siempre y ya dan por normal lo que es un error y un abuso. De hecho, hay muchos de esos españoles que piensan, como decía Ortega y Gasset, ‘que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre...’ y lo aceptan todo de antemano.
Yo, muy al contrario, pienso que eso ni es así ni tiene por qué seguir siendo así. Y con ello no quiero, en ningún momento, intentar siquiera, estar a la altura de tan insigne pensador. Pero, insisto, para mí la situación sí tiene soluciones.
En cualquier caso, tampoco tengo ningún reparo en aceptar que si la ‘niña’ se quiere ir que se vaya… Eso sí, asumiendo su propia ropa sucia y la financiación de sus caprichos.
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