Las buenas plantillas, los equipos bien equilibrados, nunca se han hecho teniendo como condición fundamental el talonario de cheques. Ramón Calderón, por ejemplo, gastó más de 300 millones de euros y su rendimiento fue tan nefasto como la adquisición de valores financieros contaminados.
Calderón contrató más de un jugador que puede ser calificado como pufo. En unos casos, por su escasa calidad, por su mínima condición para formar parte del Real Madrid, y en otros, por su irregular comportamiento en el campo y en la ciudad.
Santiago Bernabéu solía bendecir el fichaje de un futbolista cuando tras haberle visto actuar en el campo conocía sus tendencias personales. En el contrato puntuaban sus comportamientos al margen de entrenamientos y partidos.
En los tiempos actuales priman más los éxitos, a veces transitorios, en el campo, que el modo de ser. En ocasiones es más rentable fichar un jugador de treinta años que uno de veinte un tanto inestable emocionalmente.
Forlán está en la treintena y la inversión solamente puede ser satisfactoria tres o cuatro temporadas, pero está garantizado que se mantendrá en forma y que no dará quebraderos de cabeza al margen del fútbol. Forlán se ha cuidado siempre y seguirá siendo profesional íntegro.
Al Madrid de Calderón llegaron jugadores que no han dado la talla aunque en algunos partidos hayan deslumbrado, y de ahí que estén en la lista de transferibles. Sneijder es un caso concreto. Magnífico futbolista que no ha sabido vivir prudentemente.
De la lista que manejan en el Madrid solamente hay dudas sobre su manera de ser en Cristiano Ronaldo. Se le ve chulín, presumido y con algunas tendencias a mostrar disconformidades en público.
Del brasileño Kaká no se tienen informes desfavorables. Pero éste, Cristiano Ronaldo, más Ribery y Raúl en el vestuario, puede ser carga explosiva. A Silva, que es gran muchacho, no lo soltará el Valencia. Todos no son como Zidane.

