El mercado invernal da la impresión de que este año está dedicado a las ventas más que a las compras. Las adquisiciones de jugadores son escasas y por el contrario existe el deseo, no disimulado por muchos clubes, de hacer caja con las rescisiones de contrato y ventas de última hora.
Hay clubes que desean soltar lastre porque la economía no está para grandes dispendios y todo lo que sea vender beneficia la contabilidad. Las mejores ventas están condicionadas por el próximo Mundial de Sudáfrica.
Hay futbolistas que no desean perderse la oportunidad de disputar el campeonato más importante de su vida y para ello necesitan estar en activo, ser titulares en sus equipos. Suponen que quienes están en el banquillo van a tener pocas oportunidades para ser seleccionados.
Van Nistelrooy y Gago quieren salir del Madrid, fichar por un club que les conceda la oportunidad de jugar partidos porque ello es condición indispensable para viajar al Mundial. En el Villarreal está el caso de Eguren, quien se ha peleado con el entrenador y busca la salida para no perderse la selección uruguaya.
La circunstancia es aplicable a otros muchos futbolistas, cuyo porvenir es oscuro e incierto como el reinado de Witiza, si la oportunidad del mercado invernal se les niega. Hasta que se agote el plazo veremos compraventas aceleradas.
Caso distinto es el del Zaragoza. En La Romareda quieren deshacerse de cinco futbolistas a quienes han querido culpar de la mala situación del equipo. Hay más de un error en ello. Están fichando a toda prisa con el fin de evitar el descenso a Segunda. El problema del Zaragoza no está en cinco jugadores. Es su política. Hace dos años también descendió.

