Hace años que la paz es imposible en el Valencia Club de Fútbol. Desde la presidencia de Arturo Tuzón, quien resolvió el principal problema deportivo por el descenso a Segunda y el económico, que entonces alcanzaba los mil millones de pesetas, no ha habido presidencia que no haya sido polémica o haya sido dinamitada desde dentro, como le pasó a Jaume Ortí a pesar de los triunfos nacionales e internacionales del equipo.
Vicente Soriano se hizo con el cargo con promesas de adquisición de acciones que no cumplió, y con operaciones como la venta de las parcelas de Mestalla que frustraron sus buenas intenciones y sus planes de revitalización de la sociedad.
Cegados los pozos en que beber, a Soriano le obligaron a dimitir. Desde Bancaixa, principal acreedor del club, con la anuencia de las fuerzas vivas locales y autonómicas, Manolo Llorente, ex consejero delegado, fue elegido presidente. Ahora le toca abandonar el cargo al cabo de un mes.
La labor de éste ha sido espléndida pese a las presiones a que ha sido sometido por los problemas económicos y los cantos de sirena que han tenido que escuchar sus mejores jugadores. Le han acosado Madrid y Barça y ha defendido honorablemente los intereses del Valencia.
Soriano va a recuperar el poder tras la adquisición de la mayoría de las acciones. Desaparece Juan Soler y el grupo inversor estadounidense que catapulta de nuevo a Soriano parece que llega con dineros suficientes para mandar y reanudar las obras del nuevo estadio.
Todo hace suponer, y Soriano tendrá que confirmarlo hoy en conferencia de prensa, que la sociedad recibe las inyecciones económicas suficientes para reanudar una vida normalizada y con ella mantener en la plantilla a los mejores jugadores.
Soriano, en su etapa, se negó a vender a Villa y Silva y no se cree que esté dispuesto a aceptar ninguna negociación por sus traspasos. Su entorno anuncia algún fichaje importante para poder competir en Liga y en el nuevo torneo de la UEFA.
La pregunta del millón: ¿habrá al fin paz en Mestalla?

