En fútbol, lo prudente es pronosticar cuando ha terminado la Liga. Hacerlo antes tiene el peligro de cometer un error "inmenso error", que dijo Ricardo de la Cierva del nombramiento de Adolfo Suárez antes de que éste lo nombrara ministro. Con la Liga empezamos a sospechar que tal vez, quizá, no sea cosa de dos.
Estábamos de acuerdo en que el Barcelona arrastraba la calidad y el Madrid ponía en juego la nueva galaxia. Los otros dos puestos de la Liga de Campeones se los tenían que jugar varios, lo mismo que la competición de la UEFA. A lo mejor no debemos hablar sólo de dos.
Por lo sucedido en lo más inmediato no hay razones suficientes para cambiar lo aventurado. Sin embargo, vista la facilidad con que Sevilla y Valencia ganan los partidos y las muchas dudas de los dos de arriba, el campeón, el que sea, tendrá que sudar lo suyo.
El Sevilla lleva varias temporadas en las que ha plantado cara a los mejores, y en Europa, además de ganar la Copa de la UEFA, esta temporada está pletórico en Liga de Campeones. El Madrid no pudo con el equipo sevillano y hay que sospechar que también el Barcelona pasará calvario.
El Valencia comenzó dubitativo y hoy ofrece los mejores resultados en los partidos fuera de casa. Ha conseguido crear un eje defensivo fuerte y en el centro del campo ha vuelto el Albelda de los mejores tiempos, el de los pasillos de seguridad.
El Madrid perdió pegada sin Cristiano Ronaldo. El Barcelona sin Eto'o tiene menos agresividad delante. El Sevilla, con Kanouté y Luis Fabiano, más Perotti y Navas, posee capacidad atacante de primerísimo orden.
El Valencia se agranda cuando pone en liza sus cuatro pequeñines. Pablo Hernández, Villa, Silva y Mata tienen habilidad e ingenio suficiente para desmoronar las más sólidas barreras que se les enfrenten.
La cabeza de la Liga se ha ajustado. Ya no hay las diferencias de puntos que se suponía iba a existir entre Barça y Madrid y los restantes. Buena noticia. Más emociones y mejores taquillajes.

