El final del fútbol será colocar en los asientos de los campos de fútbol muñecos hinchables con el fin de que pueda parecer que los partidos televisados los presencian espectadores. Será cuestión cinematográfica. También cabrá el recurso de abrir las puertas para que la zona en la que se entretengan más las cámaras haya espectadores de verdad.
Los organismos rectores del fútbol llevan años intentado echar de los campos a los niños al programar partidos nocturnos. En pleno invierno, con frío o lluvia, hay pocos padres que permitan que un infante acuda a un encuentro de las diez de la noche. En las grandes ciudades tal horario es descabellado porque la vuelta a casa, presumiblemente, es de madrugada.
Los clubes entienden que su negocio es la televisión y los espectadores interesan menos. Es cierto que los abonos y la venta de localidades no llega al veinte por ciento de los ingresos, pero alejar a los espectadores tiene futuro negro.
Acaban de autorizar partidos los lunes y viernes, con lo que ya no hay día de la semana en el que las televisiones no nos pongan en casa un partido o dos. Los lunes hubo competición televisada en las temporadas 96-97 y 97-98. No recuerdo que fuera gran negocio para la cadena que los emitió y de ahí que no se repitiera la experiencia.
Tendremos Liga lunes, viernes, sábado y domingo y martes, miércoles y jueves, Copa del Rey, Liga de Campeones o Liga Europea. Sesión continua como en los antiguos cines de barrio, con la diferencia de que en éstos los chavales nos refugiábamos del frío y mayorcitos hacíamos manitas con la novia.
Tanto fútbol, además, puede acabar causando hastío. Hay ciudades en las que el fútbol tiene como fecha obligada el domingo por la especial característica laboral de sus habitantes, y las hay en que ganarían espectadores los domingos por la mañana. Sucede que en España jamás se ha hecho una encuesta seria sobre las preferencias de los espectadores.

