La Fórmula-1 ha reducido costes y ha anunciado menor inversión para la temporada siguiente. Constructores y pilotos se ven obligados a apretarse el cinturón dados los vientos de fronda que soplan por todo el deporte mundial. Al tiempo, Bernie Eclestone, el amo del cortijo, con la anuencia de la Federación Internacional de Automovilismo, ha implantado para la presente campaña un nuevo modo de proclamarse campeón. Más peligro.
La gran sorpresa de la campaña se ha dado al anunciar que solamente será vencedor quien gane más pruebas y no quien sume más puntos como ocurría hasta ahora. Con ello se pretende crear más competitividad.
Eclestone no desea que los pilotos y sus escuderías hagan cálculos con las puntuaciones y decidan tácticas que signifiquen arriesgar poco en una determinada carrera. Quiere lucha en todos los grandes premios. Solamente en caso de empate se proclamará campeón quien tenga más puntos sumados al modo tradicional.
La Fórmula-1 acaba de renunciar a los Poulidor, a quienes se contentan con la segunda plaza. Es decir, a quienes corren con más cálculos que riesgos. Ahora desea que todos los pilotos salgan siempre a ganar. Se ha despreciado la regularidad.
Este año se puede dar el caso de que quien mejores puestos ocupe a lo largo del campeonato sea superado por alguien que ha ganado tres pruebas y se haya hundido en la mediocridad en otras.
Si la Fórmula-1 no tuviera suficientes interrogantes lo que se impone ahora, sin duda, las acrecentará. Es probable que en la búsqueda de la victoria se cometan graves imprudencias. Quizá haya en los circuitos accidentes que ahora se evitan.
Sobre las condiciones técnicas se pueden hacer constantes cambios, pero aquellas que como esta presentan aventuras es mejor no buscar el más difícil todavía. Aquí el circo no tiene red.

