La victoria del Sevilla ante el Real Madrid no debe tomarse como sorpresa. El equipo andaluz aspira a estar en lo alto y la primera ocasión para demostrarlo era la de anoche. Ganó al Madrid y pudo haberlo humillado de no haber mediado Casillas, quien salvó más goles de los que tiene obligación de evitar un portero aunque sea excepcional como él.
El partido de Nervión tuvo toda la gran intensidad de las confrontaciones que pueden marcar la temporada. Era el primer gran test para el Madrid. Perdió y tal vez se pueda aducir que jugó sin Cristiano Ronaldo, pero sí quedó constancia de que los sevillistas no serán meros acompañantes.
El Sevilla hizo el fútbol más tradicional y efectivo: el ataque por las alas. El Madrid se embarulló por el centro del campo y en la banda de Marcelo tuvo un agujero que le costó constantes apuros para Casillas. Sergio Ramos también sufrió para detener a Perotti, primero y Capel, después. El triunfo sevillista fue merecido.
El sábado, en el Camp Nou, reaparecieron los mangriñanes, jugadores a quienes importa más anular al contrario que crear juego. El centrocampista del Almería, Chico, fue la sombra de Xavi con el fin de ahogar el nacimiento de las jugadas barcelonistas. Al equipo azulgrana le costó vencer y, además, por vez primera no convenció. Hizo el peor partido que se le recuerda en mucho tiempo.
Pepe Mangriñán, medio volante del Valencia, pasó a la historia del fútbol español porque consiguió anular a Di Stéfano. Su misión resultó tan productiva que el Madrid perdió en el Bernabéu. Hugo Sánchez tal vez no sepa quién fue Mangriñán, pero le pidió a Chico que hiciera lo mismo. Persiguió al barcelonista hasta su vestuario.
Los azulgrana han tomado ventaja por vez primera en la Liga. El Sevilla ha presentado sus credenciales para ser campeón.

