La influencia de los medios madrileños, televisión, radio y periódicos, con claras querencias madridistas, nos habían hecho creer que se iba a producir el milagro, que tras aquel distanciamiento de doce puntos, el Barça acababa por caer y el tropiezo casi definitivo lo iba a tener en el Santiago Bernabéu.
Nunca entendí que la presión la sufriera el líder y por ello dije que quien la padecía era Poulidor y no Anquetil. El sábado se demostró que quien salió a jugar con la cabeza más clara, con mayor serenidad y creencia en sus propias fuerzas fue el Barça.
El Madrid tuvo el partido de cara cuando, además de marcar un gol, impidió con su presión, y su marcaje arriba, que los barcelonistas pudieran imponer su juego. El equipo azulgrana estaba incómodo, pero no se incomodó. No se le calentaron las cabezas y por ello consiguió pronto el empate.
En dos minutos el equipo barcelonés igualó y se puso con ventaja en el marcador. El asedio al portal de Casillas fue tal que la mejor calificación para los participantes en el encuentro tuvo que ser para él.
A Casillas le marcaron el tercero y en un descuido llegó el segundo madridista. Fue el instante en que se creyó en la remontada, en el genio madridista en la lucha épica. Pero llegó el Barcelona y mando parar.
Hasta seis goles recibió Casillas. El resultado, sin él, habría sido extremadamente escandaloso. Sin exagerar, no habría sido extraño que al menos tres o cuatro goles más le marcaran los atacantes azulgrana.
La Liga se resolvió y lo visto sirvió para constatar de manera palmaria que el Barça juega de manera mucho más brillante y efectiva a la vez. Entre el juego del Barça y el del Madrid está la diferencia del susurro y el grito histérico, del verso y la grosería.
El Madrid es equipo con fuerza, pero carece del juego imaginativo barcelonista. En los aledaños del Bernabéu sueñan con Cristiano Ronaldo. El Barça seguirá teniendo a Xavi, Iniesta y Messi para que jueguen once. El portugués no hace equipo.
El Barça fue el poder y el Madrid la impotencia. Se acabó el encanto de los puntos ganados con Juande. Es un buen entrenador, pero el sábado le firmaron el finiquito. Será víctima inocente.

