Publicidad

Estrella Digital EstrellaDigital.es el primer diario digital en español

Publicidad

Última hora

El PP devuelve la militancia a Cobo y Costa, tras diez meses de sanción

Josep Borrell

Josep Borrell

Los actores de Copenhague

21/12/2009 | 18:33 h.

Para entender lo que está pasando en Copenhague, nada mejor que repasar cuáles son las posiciones de los grandes actores de esa gran conferencia sobre el clima.

Esos grandes actores son, al menos, seis: EEUU, la Unión Europea, China, Brasil, África y la India. Por supuesto hay otros, como Rusia o los productores de petróleo, que también van a desempeñar un papel importante, pero en mi opinión el problema es encontrar un acuerdo entre estos seis países o grupos de países.

Sus posiciones están determinadas por las enormes diferencias en las emisiones per cápita de unos y otros. Entre las casi 19 toneladas de Co2 que emite al año cada estadounidense y las 0,3 de un keniata, pasando por las 9 de un europeo o las 4,7 de un chino, hay todo un mundo de diferentes responsabilidades en la creación del problema que nos aflige. Y muestran que no es posible esperar un acuerdo de control de las emisiones que no incluya alguna clase de convergencia de las emisiones per cápita a nivel mundial a medio plazo.

Estos datos muestran las zonas de claro despilfarro energético, donde es posible actuar para reducir las emisiones. Pero también muestran su inmenso potencial de crecimiento, puesto que casi 4.000 millones de seres humanos emiten muy poco Co2 y el camino de su desarrollo pasa todavía por un uso muy importante de combustible fósiles.

Es la posición de China, India, Brasil y los países africanos. Una de las novedades de Copenhague es que África hablará con su propia y única voz, independizada del grupo del G-77, donde estaba dominada por los grandes países emergentes. El primer ministro de Etiopía, que actúa de portavoz de los 53 Estados africanos, ya ha dejado bien claro que lo que pone sobre la mesa África es una demanda de justicia, concretada en ayudas para financiar un nuevo modelo de desarrollo energético. Una de las claves de la cumbre será la capacidad europea de tejer una alianza con África. Y Francia esta desempeñando un papel muy activo en esta dirección.

Los europeos somos los que más hemos puesto sobre la mesa, 20% de reducción sobre 1990, estando dispuestos a poner más (30%) si los demás siguen. Para mantener su liderazgo en el post-Kioto, Europa tiene que ser capaz de negociar un plan de apoyo masivo a los países del Sur de forma que el esfuerzo no recaiga sólo sobre ella. Pero en esto está muy dividida entre los nuevos y viejos Estados miembros. El Consejo Europeo de esta semana debería servir para definir posiciones si la UE no quiere perder el tren.

EEUU, a pesar de las buenas intenciones de Obama, es el que menos pone en la mesa. Su propuesta de rebajar el 17% las emisiones en el 2020 se mide con respecto a las emisiones del 2005, lo que equivale a una reducción de sólo el 4% con respecto a las de 1990. Su negociador ha llegado a Copenhague con pocos complejos, reconociendo su responsabilidad en las emisiones pasadas, pero no su culpabilidad, en la medida en la que hasta hace poco nadie sabía que esas emisiones estaban creando un problema tan grave. Y ha dejado claro que ningún acuerdo vale sin un compromiso de China, al mismo tiempo que rechaza conceder ayudas financieras a ese país. Más claro, el agua.

Hay que recordar que EEUU aceptó firmar el Protocolo de Kioto pero que el Congreso no lo ratificó. En las actuales circunstancias, la Administración Obama no quiere quedar de nuevo desautorizada, pero sería incomprensible que EEUU no modificase al alza su escuálida propuesta inicial.

Para Brasil, la cuestión de la deforestación es crucial. Con la mayor superficie mundial de bosque tropical, la relación entre desarrollo económico y emisiones no se plantea de la misma manera que en otros países emergentes. Propone reducir de forma "voluntaria" sus emisiones. Pero todo dependerá de cómo se cuantifique el efecto de la deforestación. Lula ya ha dicho que está dispuesto a reducir un 40% la tala en el Amazonas siempre que se le compense por ello.

China e india rechazan aceptar objetivos cifrados y obligatorios de reducción de emisiones y prefieren hablar de reducción de la intensidad de carbono del crecimiento. Es decir, prefieren "enverdecer" su dinámica económica antes que limitarla. No es mala cosa pero depende en qué se traduzca. China ha propuesto reducir un 40% su intensidad de carbono en el 2020 con respecto al 2005, e India tendrá que avanzar alguna propuesta en esta dirección.

Pero es comprensible que con menos de 2 toneladas por hindú al año, casi 10 veces menos que un norteamericano, con una pobreza masiva que afecta a centenares de millones de personas, y una demografía galopante, India no quiera aceptar restricciones que serían muy injustas desde el punto de vista de la diferente responsabilidad en la generación del problema. Aunque ha aumentado sus emisiones un 119% desde 1990, las emisiones per cápita son muy bajas porque todavía hay centenares de millones de hindis que no saben lo que es la electricidad.

Es cierto que China se ha convertido ya en el primer país por el volumen total de sus emisiones, que han crecido un 153% desde 1990, pero per cápita siguen siendo 4 veces menos que las de un norteamericano. Todos somos responsables de lo que vaya a ocurrir, pero la responsabilidad de lo que ya ha ocurrido es claramente diferente.

Ésas son las posiciones de los grandes bloques de países. Ningún acuerdo que no englobe a los grandes países emergentes sería útil, pero ningún acuerdo será posible si no se acepta esta diferente responsabilidad en términos prácticos, es decir, financieros y tecnológicos.

21/12/2009 | 18:33 h.

Josep Borrell

Bio Josep Borrell
Publicidad
Publicidad

(c) 2010 La Estrella Digital, S.A | Contacto | RSS