Publicidad

Estrella Digital EstrellaDigital.es el primer diario digital en español

Publicidad
Josep Borrell

Josep Borrell

¿Quiere Europa controlar el sistema financiero?

09/12/2009 | 14:50 h.

Hemos vivido unos años dominados por la ciega confianza de la ideología neoliberal de origen angloamericano en la naturaleza eficiente de los mercados y su capacidad de autorregularse. En todas partes, también en Europa pero sobre todo en el Reino Unido, los poderes públicos hicieron dejación de sus funciones de regulación y control hasta que esa creencia se reveló ser una pura superstición, la crisis llevó al mundo al borde del apocalipsis financiero y el Gobierno británico tuvo que nacionalizar aprisa y corriendo una parte de sus bancos.

Desde entonces las cosas han cambiado, pero los cambios encuentran resistencias. Buena muestra de ello son los acontecimientos que se han producido esta semana en la Unión Europea. El primero es el acuerdo de los ministros de Economía de crear cinco nuevas agencias o autoridades europeas de regulación financiera: una autoridad de supervisión de los riesgos macroeconómicos, una autoridad de supervisión de los riesgos sistémicos y tres agencias de control del sistema bancario, de las bolsas y de los seguros. El segundo es la sustitución del comisario de Mercado Interior, el ultraliberal irlandés McGreevy por el francés Barnier, lo que ha provocado una escaramuza dialéctica entre París y Londres.

En principio todos declaran estar de acuerdo en la necesidad de aplicar las decisiones del G-20 acerca de una regulación del sistema financiero globalizado, que incluya un control tanto de los bancos como de los fondos especulativos para evitar que se repita lo ocurrido.

Pero cuando se baja de las musas al teatro resulta que la feria no va igual para todos y a la City de Londres no le gusta nada que un francés sospechoso de intervencionismo congénito sea el encargado de limitar su libertad de acción y sospechoso de querer debilitar su papel de plaza financiera mundial en beneficio de otras como la de París.

Si a esa sospecha se suman las declaraciones triunfalistas de Sarkozy, presentando el nombramiento de Barnier como una gran derrota del Reino Unido, tenemos servido un conflicto entre Londres y París que parecería enfrentar un nuevo colbertismo con el averiado ultraliberalismo.

Sin duda, y afortunadamente, Barnier hará una política completamente diferente de la que hizo McGreevy. Éste se atrajo las iras de la izquierda en el Parlamento Europeo por su manifiesta falta de voluntad para intentar controlar, cuando quizás todavía se estaba a tiempo, la economía-casino de los fondos especulativos. Negó la crisis hasta que se nos vino encima y, aun así, arrastro los pies todo lo que pudo en la elaboración de una normativa europea sobre los hedge funds. Su actuación, resultante de sus profundas convicciones neoliberales, es uno de los agujeros negros de la primera Comisión Barroso.

Pero no es la personalidad de su sucesor la que justifica los temores de la City. A fin de cuentas, ha sido un británico, nada menos que Lord Turner, presidente de la Autoridad británica de Supervisión de los Mercados Financieros, el que ha dicho que el mundo de la finanza globalizada no ha sacado ninguna lección ni consecuencia de la crisis, que seguirá haciendo lo mismo si se les deja y que el sistema financiero está hipertrofiado con respecto a la economía real.

Y, además, la agenda de trabajo de Barnier no será otra que la definida por el G-20, con la que el Reino Unido está de acuerdo. Les guste o no a los goldens boys de la City, su modelo deberá ser revisado profundamente y además no les vendrá mal acercarse un poco más a Europa en los nuevos tiempos que vienen. Y Europa también necesita a Londres como plaza financiera que pueda competir con Wall Street y Shangai.

Las diferencias que durante mucho tiempo han enfrentado a Londres y París sobre la composición y los poderes de las agencias de regulación financiera europeas parecen haberse resuelto con el acuerdo del pasado miércoles. Y es un poco utópico pensar que una nueva regulación compense a París de su desventaja comparativa con Londres en lo que se refiere a las relaciones con EEUU, India y el sudeste asiático, la masa crítica de las instituciones financieras allí instaladas y el predominio del inglés.

El conflicto entre París y Londres debería, pues, acabar en una tormenta en un vaso de agua, aunque habrá que esperar a la composición del equipo de Barnier para conocer su capacidad de acción. Esperemos que no le coloquen como director general a un británico que represente los intereses que se trata de regular. Y esperemos que los cambios en la Comisión y la decisión de crear, por fin, un sistema de regulación financiera a escala europea demuestren la voluntad de volver a controlar el funcionamiento de los mercados financieros.

09/12/2009 | 14:50 h.

Josep Borrell

Bio Josep Borrell
Publicidad
Publicidad
Publicidad

(c) 2010 La Estrella Digital, S.A | Contacto | RSS