El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, no ha querido intervenir en el conflicto que enfrenta, de nuevo, al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, con la presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre, a cuenta, en esta ocasión, por la lucha interna dentro del Partido Popular por el control de Caja Madrid, la cuarta entidad financiera del país con ocho millones de clientes.
Rajoy, que conocía desde hace meses las intenciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid de prescindir del actual presidente de la entidad, Miguel Blesa, que se presenta en el mes de junio a un tercer mandato, ha dejado, como siempre, que el tema se pudra y estalle un nuevo conflicto interno dentro del partido entre el alcalde y la presidenta, después de un relativo periodo de paz tras el Congreso de Valencia en el que el alcalde madrileño se convirtió en uno de los hombres de confianza del elegido presidente popular, y en un posible candidato a la sucesión en el caso de que los procesos electorales de los próximos meses se salden con derrotas populares.
Rajoy, que conocía las intenciones de Esperanza Aguirre de cambiar los Estatutos de la Caja para evitar la reelección de Blesa y para quitarle también parte de poder a Ruiz-Gallardón, no ha querido intervenir y ha dejado al alcalde en la estacada y a su protegido, Blesa, colocado en el cargo por la influencia del ex presidente del Gobierno José María Aznar, en una posición de soledad, en unos momentos clave de la historia económica de la caja de ahorros madrileña.
Aunque, en este caso Mariano Rajoy parece coincidir con las posiciones del alcalde (dicen que en alguna reunión llegó a decir que el tema de Caja Madrid era una tema que afectaba al partido a nivel nacional), su silencio y su falta de reacción han desembocado en el triunfo por goleada de Aguirre, que ha conseguido la reforma de los Estatutos, aprobada este lunes en la Asamblea madrileña, y la colocación de muchos de sus peones en Cibeles, la corporación industrial de la Caja. Y uno de los grandes proyectos de futuro de la Caja madrileña.
Curiosamente uno de los que más defienden la continuidad de Blesa al frente de Caja Madrid es el presidente del Gobierno, que hace semanas obligó al máximo dirigente socialista de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, a que rompiese el pacto que había firmado con Aguirre para la reforma de los Estatutos, y el consiguiente cambio en la Presidencia de la entidad.
Los últimos encuentros de Zapatero con los dirigentes de la banca en el Palacio de la Moncloa, entre los que se encontraba Miguel Blesa, han propiciado un acercamiento entre dos personajes que ni se conocían ni tenían entre sí la mínima sintonía.
Ante el silencio de Rajoy, el alcalde ha decidido dar la batalla en contra de Aguirre y ha insistido en que cualquier reforma estatutaria, si afecta al proceso electoral, no entrará en vigor hasta el 2015, ya que, según su razonamiento no se pueden cambiar las reglas de juego cuando el juego mismo ya ha comenzado.
Abierto, hace semanas, el proceso electoral dentro de la Caja, no se puede, según los asesores jurídicos del alcalde, cambiar de improviso esas reglas del proceso electoral con el único objetivo de evitar la reelección de Blesa, que fue propuesto como presidente por la Asamblea madrileña controlada en ese momento por Ruiz-Gallardón como presidente de la Comunidad. El cambio introducido en los nuevos Estatutos establece que el presidente tiene que ser propuesto por los mismos órganos que le propusieron hace dos mandatos, es decir, por la Comunidad, que ya no esta en manos de Gallardón sino de Aguirre.
Y para Aguirre, y para sus planes políticos, es esencial contar con Caja Madrid como privilegiada fuente de financiación para cualquier proyecto que beneficie a la Comunidad, algo que en los últimos tiempos ha impedido Miguel Blesa, aliado político de Gallardón. La pelea, pues, está servida, mientras Rajoy guarda silencio...

