El secuestro el atunero vasco Alakrana, en pleno océano Índico, ha dividido a la opinión pública española sobre el comportamiento del Ministerio español de Defensa, a la hora de defender, valga la redundancia, los intereses nacionales, y sobre el papel de nuestras Fuerzas Armadas para hacer frente a los ataques a los intereses económicos españoles fuera de nuestras fronteras.
Aunque el gran debate nacional se ha centrado en buscar culpabilidades (el Gobierno ha creído que los verdaderos culpables son los armadores vascos que no han respetado las zonas de seguridad para llevar a efecto sus capturas, y la oposición, con un gran sentido del oportunismo, le ha echado la culpa al Gobierno central porque, en el fondo, todo es bueno para el convento), la realidad es que los verdaderos culpables de la situación son los piratas, los terroristas, que con su forma de actuar no sólo realizan un acto de fuerza, sino que ponen a nuestras Fuerzas Armadas en una situación en la que la opinión pública pide una acción rápida y contundente para demostrar que hay un Estado detrás de cualquier agresión contra los intereses nacionales.
Después del secuestro del Playa de Bakio, en abril del 2008, que provocó la puesta en marcha, el pasado mes de diciembre, de la llamada 'operación Atalanta' para poner fin a la piratería o robos a mano armada en la zona del océano Índico, la primera misión naval de la historia de la Unión Europea, en la que España participa con un avión P-3 de patrulla marítima y setenta efectivos, una fragata con helicóptero embarcado y 196 efectivos y once oficiales, en los diferentes cuarteles generales con unos efectivos totales de 277 miembros, parecía que éste era el único medio para evitar secuestros de barcos que tienen en la costa índica su principal fuente de riqueza con la pesca del atún.
Sin embargo, el sistema se ha mostrado ineficaz ante un mar incontrolable como el Índico, que es treinta y tres mil veces más grande que el mar Mediterráneo, y ante unas acciones suicidas de piratas que viven en un estadio fallido como es Somalia, el único Estado donde, en un momento determinado, durante el mandato de Bill Clinton, Estados Unidos tuvo que retirarse de forma vergonzosa, ante la posibilidad de un seguro fracaso por la fuerza de la guerrilla local, cada vez más ligada al terrorismo islámico y radical de Al Qaeda.
Después de los numerosos secuestros que se han producido en la zona, el último el de un carguero alemán que ha durado meses, habría que preguntarse qué sentido tiene la espectacular 'operación Atalanta' y si la solución a la grave situación de la zona no pasa por algo similar a lo adoptado por Francia y, en estudio, en Italia: proteger los barcos atuneros con infantes de marina, provistos de ametralladoras y material bélico sofisticado que impida el secuestro de barcos que tienen su principal base de aprovisionamiento en la zona que, además, se quiere convertir en una riqueza local diezmada por los intereses occidentales.
¿No es más fácil, como ha hecho Francia, colocar en los buques a cuatro o cinco infantes de marina con ametralladoras y medidas defensivas en los propios barcos que montar una operación naval en un mar difícil de controlar? ¿No es más fácil cambiar los protocolos nacionales para hacer lo mismo en los atuneros españoles que lo que se está haciendo en Francia e Italia? ¿No es mucho más lógica esa medida que la 'operación Atalanta' de un despliegue naval espectacular pero poco efectivo?
Quizá lo más paradójico de la situación es que tendremos que defender a los atuneros vascos, mientras que en el propio País Vasco se pide la salida del Ejército español y se interpreta cualquier intento de maniobra naval como un atentado a la soberanía de Euskadi.

