En uno de los peores de sus cinco años de mandato, con las encuestas en contra y que reflejan, sobre todo, las consecuencias de la crisis económica, el presidente del Gobierno ha iniciado una auténtica ofensiva política para vender un nuevo modelo de crecimiento, un modelo de "economía sostenible" del que se viene hablando hace más de un año y que ha estado paralizado, según fuentes oficiales, porque afecta a numerosos ministerios y administraciones por la complejidad del desarrollo legislativo que la nueva Ley necesita.
Ese nuevo modelo que se aprobará el próximo viernes en el Consejo de Ministros, del que se desconoce casi todo, fue comparado en la presentación "hollywoodiense" que se hizo en un acto multitudinario en Madrid. El domingo, con el modelo que puso en marcha Felipe González en la década de los ochenta (reconversión industrial incluida) que transformó económicamente España, especialmente por las ayudas de la Unión Europea.
Por primera vez en meses, González, muy crítico con la política económica oficial, acudió a la cita con un Zapatero que se siente políticamente aislado ("No estás solo" fue uno de los gritos de apoyo al presidente), aceptó los elogios sobre su labor modernizadora de la economía española y, probablemente, se sorprendió de la comparación presidencial del éxito económico de su mandato con ese gran plan económico de profunda renovación de nuestro modelo productivo, según Rodríguez Zapatero...
Es el mismo discurso que, de cara al exterior, ha pronunciado en un foro organizado por el semanario británico The Economist. Este plan de acción global que va a acometer el Ejecutivo tiene como finalidad impulsar una profunda renovación de nuestro modelo productivo para hacerlo más competitivo e innovador, más equilibrado y estable, así como social y medioambientalmente sostenible. La Ley de Economía Sostenible, según el presidente del Gobierno, que ha concretado poco, es el instrumento "esencial" de este programa de reformas, pero en absoluto el único. Se precisarán más iniciativas legislativas que se irán aprobando hasta el final de la legislatura.
La amplia batería de cambios modernizadores de nuestra economía incide en tres ámbitos especialmente importantes: dotar de mayor transparencia al sector financiero, favorecer el dinamismo empresarial y desarrollar todos los sectores económicos que acompañan la lucha contra el cambio climático. Por ello, las reformas afectarán, entre otros, al sistema financiero, a los organismos reguladores, a la internacionalización de empresas, a la colaboración público-privada en el desarrollo y la gestión de infraestructuras y al lanzamiento de las empresas de servicios energéticos. Además, se dará impulso fiscal a la rehabilitación de viviendas y al alquiler, y a la I+D+i en el ámbito privado.
Todo demasiado ambicioso y a la vez etéreo, como etérea y voluntarista ha sido la buena nueva de que la recuperación económica, según lleva repitiendo durante tres días (en el mitin del domingo, en el foro económico del lunes y en la entrevista que mañana publicará el semanario alemán Der Spiegel), se puede producir al final de este trimestre o principios del que viene, aunque eso sí, no se ha atrevido a poner fecha a la creación de empleo porque para esa real y urgente buena nueva hace falta que el país crezca por encima del dos y medio por ciento, algo que probablemente no ocurrirá hasta muy al final de la actual legislatura, si es que llega...

