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José Oneto

José Oneto

El futuro de Ruiz-Gallardón

05/10/2009 | 14:55 h.

Hoy lunes el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que durante meses ha estado ejerciendo de Ministro de Asuntos Exteriores paralelo, vuelve al despacho del Ayuntamiento, donde tendrá que enfrentarse con unas labores cotidianas de las que se ha estado encargando el vicealcalde, Manuel Cobo.

Tendrá que oír las protestas de los vecinos del Barrio de Salamanca, que todavía no se creen que hayan convertido su barrio en una réplica de Bagdad; tendrá que enfrentarse con las protestas de la subidas de impuestos municipales, especialmente de las tasas sobre las basuras; tendrá que retomar la batalla por el control de la Caja, de la que le ha ido barriendo su compañera de partido Esperanza Aguirre, y, sobre todo, tendrá que enfrentarse con las críticas (Federico Jiménez Losantos ya ha empezado) de quienes creen que ha sido un ingenuo al dejarse engañar por el presidente del COI cuando le aseguró que la rotación de continentes no iba a contar en la designación de la sede olímpica para el 2016 y que Madrid tenía posibilidades.

Puede que, en efecto, el alcalde haya pecado de ingenuo, pero hay que decir que Gallardón vuelve de Copenhague no con un fracaso, sino con el éxito de un trabajo bien hecho, de un trabajo que ha convertido en un sueño, en lo que Ortega llama "un proyecto en común", un proyecto ilusionante en el que ha prevalecido la unidad frente a los intereses políticos intrapartidarios y en el que se ha conseguido dar al mundo la imagen de un gran país que no tiene nada que envidiarles a otros más ricos y desarrollados.

Gallardón, en estos tiempos de enfrentamientos en los que la clase política es incapaz de ponerse de acuerdo en cómo salir de la crisis y se deja que el país siga arrastrándose por el fondo de la recesión sin muchas esperanzas de recuperación, ha conseguido la unidad entre todos, generar ilusión, aunar voluntades y luchar por un proyecto que era mucho más que un proyecto olímpico.

Posiblemente deprimido por su carácter ciclotímico, pero también reconfortado por los apoyos recibidos, Gallardón tendrá que pensarse su futuro, aunque ya ha adelantado que las responsabilidades que a él le corresponden de lo que ocurrió en Copenhague se dilucidarán en las municipales del 2011, a las que, a petición de Rajoy, se piensa presentar.

Después, si Rajoy es consecuente, le incluirá en las listas al Congreso de los Diputados en las elecciones del 2012, algo a lo que, en su momento, aspiró y no pudo conseguir por la oposición de Esperanza Aguirre y por esas eternas dudas con las que vive el actual presidente del PP.

¿Secretario general del partido, si María Dolores de Cospedal consigue mayoría absoluta en Castilla-La Mancha en las autonómicas del 2011? Decisión demasiado arriesgada para un personaje tan dubitativo como Rajoy y que no aporta nada a la ambición de Gallardón, que ya ocupó ese puesto hace exactamente veinte años en sustitución de Arturo García Tizón.

Ante un nuevo fracaso electoral de Rajoy en el 2012 (difícil pero posible porque se desconocen los efectos finales que pueden producir los escándalos sucesivos del 'caso Gürtel' y las respuestas que Rajoy vaya dando a sucesivos descubrimientos), Gallardón debe pensar que está mejor de diputado que de secretario general, ya que en ese segundo caso uniría su futuro a los resultados de las generales del 2012...

Aunque muchos piensen que éste es el final de Ruiz-Gallardón, se equivocan, porque el actual alcalde madrileño es uno de los grandes activos con los que sigue contando el Partido Popular aunque muchos militantes le odien, casi con la misma intensidad con que odian a Rodríguez Zapatero.

05/10/2009 | 14:55 h.

José Oneto

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