El Presidente del Gobierno, después de su regreso de Turquía donde ha presidido el II Foro de la Alianza de las Civilizaciones, despachará hoy martes con Su Majestad el Rey en el Palacio de la Zarzuela y, probablemente le dará a conocer la composición del nuevo Gobierno, del que Don Juan Carlos la única información que tiene es la que publican los periódicos.
Zapatero que dará cuenta al Rey de su entrevista en Praga con Barak Obama, de las conclusiones del G-20 en Londres y del resultado de la Cumbre de Turquía, se ha visto desbordado por las filtraciones sobre el cambio de Gobierno procedentes del partido socialista de Andalucía, que ha utilizado al Grupo Prisa (la cadena Ser, el diario El País y CNN Plus) como principales vehículos, para influir en el resultado final de una crisis que no estaba aun cerrada pero que ya se ha convertido en inevitable, dado el terremoto mediático que se ha producido.
Tan desbordado parece el Presidente que, pendiente del teléfono y despachando con sus colaboradores más íntimos, se ha perdido la foto de familia en Turquía que ha habido que repetirla, por segunda vez, ante la sorpresa de todos los asistentes...
"No solo desbordado" -confiesa alguien cercano al jefe del Gobierno- sino que, por primera vez, se le ha visto "cabreado", un estado desconocido en él, en la creencia de que han querido estropearle su principal momento de gloria en estos cinco años: su foto con el Presidente norteamericano que le ha incluido en el capítulo de sus amigos y su gira internacional que ha durado prácticamente una semana y en la que ha intentado capitalizar cierto protagonismo en la política exterior.
De todas formas, insisten fuentes bien informadas, la crisis no esta totalmente cerrada, y el Presidente, a la vista de los acontecimientos, puede introducir cambios aunque el organigrama principal, la creación de tres vicepresidencias (política para Fernández de la Vega, económica para Elena Salgado y autonómica y territorial para Manuel Chaves) se da por segura, así como el nombramiento de José Blanco, que seguirá siendo el número dos del PSOE, como sustituto de Magdalena Álvarez que ha anulado su anunciado viaje a Siria y regresa también hoy a Madrid.
Lo que se conoce de la crisis hay que interpretarlo como un "cierre de filas" ante las dificultades por las que atraviesa el Gobierno debido a la gravedad de la crisis económica, a las encuestas que aprecian una subida del Partido Popular, y a un intento de recuperar la iniciativa política, en vísperas de las europeas que muchos socialistas ya dan por perdidas... Ese "cierre de filas" lo van a controlar el Presidente del partido Manuel Chaves y el vicesecretario José Blanco, que simultanearán sus carteras con sus puestos claves dentro de la Ejecutiva del PSOE.
Aunque todas las críticas han comenzado a centrarse en la nueva vicepresidenta económica Elena Salgado tanto su currículo de economista e ingeniero, como su experiencia en la Administración o sus actividades en la empresa privada, pueden suponer una sorpresa en un Gobierno donde abundan los funcionarios del partido... De un perfil que no tiene nada que ver con el de Solbes, y de un carácter duro y nada dubitativo, con toda seguridad impondrá la disciplina en un equipo económico que durante los últimos meses ha estado dominado por el desánimo y la abulia.
El regreso de Chaves a Madrid, el único barón que queda de la época de González, con quien compartió despacho laboralista en Sevilla en el franquismo, es, en cierto modo una imposición de Zapatero que poco a poco ha ido jubilando a la vieja guardia del socialismo de Guerra-González. No parece tener el perfil adecuado para un Ministerio que tiene que lidiar con la financiación autonómica y que desde Cataluña es visto mas como adversario, representante del sector duro del partido que como político dialogante dispuesto a resolver los problemas, que en estos momentos están planteados.
Habrá que esperar a las próximas horas o a los próximos días para realizar un análisis mas en profundidad de un Gobierno que tiene menos capacidad de maniobra que el anterior por el desgaste político que se ha producido, que tiene que pasar el examen de las elecciones europeas del mes de junio y que tendrá que soportar en el Parlamento las consecuencias de una debilidad parlamentaria que se ha agravado tras el pacto del PSE con el Partido Popular para la elecciones de Patxi López como lehendakari.

