En las próximas horas (martes y miércoles de esta semana) el presidente del Gobierno se enfrenta con el más difícil y complicado debate sobre el estado de la nación desde que llegó a la Moncloa, hace ahora cinco años, y al que llega con el convencimiento de que, como los anteriores, puede ganarlo, a pesar de la soledad parlamentaria en la que se encuentra.
Aunque en la comunicación que el Gobierno ha enviado al Congreso de los Diputados se insiste en el interés gubernamental por llegar a acuerdos con los distintos grupos parlamentarios para afrentar la grave crisis económica, el aumento del paro y las reformas estructurales planteadas y bloqueadas desde el pasado otoño, no parece que ni por el comportamiento del Gobierno ni por el interés de la oposición haya posibilidad de llegar a acuerdos establecidos sobre pactos duraderos.
Ya ha insinuado Zapatero ante los suyos que es muy difícil llegar a pactos con el Partido Popular, al tiempo que el PP ha hecho públicamente el mismo pronóstico, a menos que la política del Ejecutivo experimente un cambio de l80 grados.
El presidente sigue pensando que la única política económica a desarrollar es aumentar el gasto público y ampliar la ayuda social a los parados, especialmente a los que, en estos momentos, no reciben ya ningún tipo de subsidio, y Mariano Rajoy, en esa hoja de ruta con quince medidas que quiere discutir con el resto de los grupos parlamentarios, cree que la única salida es la disminución de impuestos, la austeridad en el gasto y la aceleración de las reformas estructurales.
En estos momentos, sin embargo, tiene más capacidad de maniobra parlamentaria el Partido Popular, que ya ha votado en algunos temas económicos con el Partido Nacionalista Vasco y con Convergència i Unió, que el Partido Socialista, enfrentado al PNV, alejado de CiU y con malas relaciones con Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Catalunya, Bloque Nacionalista Galego e Iniciativa Per Catalunya Verds, a los que se ha acercado en las últimas semanas intentando dar un giro a la izquierda a su política económica, especialmente en lo que se refiere a las ayudas y subsidios, y a la implantación, decidida en el Consejo de Ministros extraordinario de la semana pasada, del llamado "salario social" con la ayuda de las comunidades autónomas.
Después de decidir ser investido en segunda vuelta, Zapatero parece querer volver, por lo menos en el tema económico y agobiado por la recesión, a los aliados de la anterior legislatura que tantos disgustos le ocasionaron, especialmente en la política autonómica, cuando descubrió la teoría de la "España plural", concepto que parece haber abandonado.
Desde hace días, tanto Zapatero como Rajoy están estudiando papeles, fichas y dosieres para hacer frente a un debate que se va a convertir en el primer acto electoral de la campaña de las europeas del 7 de junio.
A ese debate, con una ligera ventaja popular en las encuestas sobre las europeas y con un virtual empate técnico entre los dos partidos en unas hipotéticas elecciones generales, según el último sondeo del CIS, Zapatero llega en peores condiciones que el jefe de la oposición. A pesar de que las encuestas no reflejan ningún voto de castigo a los socialistas por la grave situación económica, igual que en el PP no se reflejan las consecuencias del 'escándalo Gürtel' y sí una baja valoración de Rajoy, características de todas los sondeos.
La gran incógnita es saber quién ganará el debate ya que, hasta ahora, en todos los que se ha venido realizando en el 2005, el 2006 y el 2007 el presidente del Gobierno ha resultado ganador por una diferencia de entre diez y quince puntos.

