Mariano Rajoy pretende que el Partido Popular desempeñe un papel tan decisivo en Cataluña como el que está realizando en el País Vasco. Ése sería uno de los objetivos de la Convención Nacional que el PP ha celebrado durante todo el fin de semana en Barcelona, a la que han asistido más de tres mil dirigentes del partido, la dirección nacional y los barones regionales, algunos de ellos con su Gobierno en pleno.
Cataluña es el gran reto del PP y de Mariano Rajoy, ya que es prácticamente imposible ganar unas generales sin los votos de esa Comunidad y Andalucía, y ese reto pasa por las elecciones autonómicas del año que viene, en las que el PP, igual que ocurrió en el País Vasco, pretende representar un papel de bisagra fundamental.
Ese mensaje no lo ha lanzado Rajoy en la convención, en la que no ha habido ningún tipo de debate político o ideológico, sino decenas de propuestas de un equipo de expertos, muchos de ellos ajenos al partido, que se estudiarán para incorporarlas o no al programa electoral que se presentará en las próximas generales, sino en declaraciones al periódico La Vanguardia.
"Queremos -ha afirmado Rajoy- una Cataluña catalana y española, cada vez más libre, más abierta, en la que se fomente el espíritu emprendedor que ha sido y sigue siendo motor de la economía española. Para eso vamos a trabajar, para el sentido común y para formar una alternativa."
Para Rajoy es una alternativa real, tiene posibilidades de pactar con Convergència i Unió (CiU), especialmente con el sector democristiano de la coalición catalana, que poco a poco ha ido suavizando posiciones respecto al Partido Popular aunque un sector siga manteniendo una manifiesta animadversión a los populares. Es el sector que inspiró la firma en una notaría del compromiso de que no habría ningún tipo de pacto con el PP, tras la presentación del recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto de Cataluña, pendiente todavía de sentencia definitiva.
Rajoy, que ha ido suavizando su discurso respecto a Cataluña, aunque en su intervención en la clausura de la convención su pasaje más aplaudido haya sido el de la libertad de enseñanza y de crítica a la "inmersión lingüística", reconoce que algunos creen que sería bueno retirar el recurso contra el Estatuto pero "si lo retirara -ha dicho- sería un hombre sin crédito, sin palabra. Si lo retirara estaría haciendo lo contrario de lo que pienso".
Y en esas decisiones radican las diferencias con el sector más soberanista de CiU, un sector además que no puso inconveniente en gobernar con el Partido Popular durante siete años con José María Aznar en el poder y con Jordi Pujol en la Generalitat.
Quizás lo más sorprendente de la convención haya sido la ausencia del presidente de honor José María Aznar, que, informado de que no tendría ningún tipo de intervención durante los tres días de convención, se ha marchado a Kiev a dar unas conferencias, sorprendido e indignado por el nulo papel desempeñado por FAES, la fundación que él preside y que se ha considerado como la fábrica de ideas del PP.
Junto a esta ausencia de calado, no han dejado de producir ciertas "turbulencias" (según expresión acuñada por la secretaria general María Dolores de Cospedal) otras dos significativas durante el discurso de clausura de Mariano Rajoy: la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la del presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps.
Al fin y al cabo han sido los que protagonizaron las mayores "turbulencias" en una de las recientes semanas más críticas para el PP, para la dirección nacional del partido y, sobre todo, para Mariano Rajoy.

