Hoy lunes toma posesión en el Ministerio de Defensa como director general del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) el general Félix Sanz Roldán, ante la expectación de los agentes del servicio secreto español, la satisfacción de quienes desde dentro han hecho inevitable la dimisión de su antecesor, Alberto Saiz, y el descontento de quienes, junto a Saiz, habían iniciado una auténtica "caza de brujas" para averiguar el origen de las filtraciones que han escandalizado a parte de la opinión pública.
La incógnita está en saber si estará presente en el acto de toma de posesión Alberto Saiz, dadas la tensas relaciones que siempre han existido entre el ex jefe de los espías y el general Sanz Roldán, antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) desde la época de José Bono como ministro de Defensa, que fue el que nombró a los dos, relaciones que se deterioraron posteriormente en la primera etapa de Carme Chacón.
El traspaso de poderes en el CNI, según fuentes gubernamentales, pondrá fin al conflicto interno dentro del Centro que ha propiciado el que haya trascendido a la opinión pública toda una serie de irregularidades en la dirección de los Servicios que no ha beneficiado precisamente al prestigio de una institución muy bien valorada internacionalmente y que ha venido realizando una labor de gran eficacia en la lucha contra ETA, ya que ha participado, gracias a la infiltración, en casi todas las operaciones en las que han caído los responsables de los aparatos político, militar y logístico de la banda armada.
Con la llegada de Sanz Roldán al Centro de Inteligencia situado en la Cuesta de las Perdices, en la autopista de La Coruña, se pretende cambiar algunos aspectos del Estatuto del Centro, especialmente el que se refiere a personal, ya que se intenta corregir una situación de anormalidad que no permite a los militares, que constituye la tercera parte de todos los integrantes del Centro, volver a otras unidades militares en caso de que cesen en sus actividades o permanecer adscritos a la institución en el caso de civiles que no se consideran funcionarios, ya que no entran por oposición sino por selección.
Por otra parte, con el acto de hoy en el Ministerio de Defensa se cierra también una lucha larvada de meses entre la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el jefe de Gabinete del Presidente, José Enrique Serrano, por un lado, y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la ministra de Defensa, Carme Chacón, por otro.
En esa lucha han ganado el ministro Rubalcaba y la ministra Chacón, que no eran partidarios de la renovación del mandato de Saiz el pasado mes de abril, frente al núcleo que trabaja en el Palacio de la Moncloa, que, por celos con la ministra de Defensa, con la que se especuló en su momento que pasaría a ocuparse de la Vicepresidencia del Gobierno, apostó por una continuidad de Saiz a pesar de que ya se tenía la suficiente información de las denuncias que posteriormente fueron publicadas por el periódico El Mundo, a pesar de la cercanía del periódico de Pedro J. Ramírez con la vicepresidenta De la Vega y a pesar de un supuesto pacto de Saiz con el periodista celebrado en el restaurante Zalacaín de Madrid.

