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José Luis Manzanares

José Luis Manzanares

Guinea Ecuatorial

22/07/2009 | 14:51 h.

A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron. Así empieza la conocida fábula de Samaniego. Uno no sabe muy bien por qué razón le ha venido a la memoria con la nutrida participación española en los actos conmemorativos de la independencia de Guinea Ecuatorial. Nada tengo que objetar a nuestra presencia allí en día tan señalado, pero este giro copernicano en nuestras relaciones bilaterales pone de relieve el error de confundir los negocios con la política, o el culo con las témporas, que diría un castizo. La violación de los derechos fundamentales de las personas nunca ha impedido comerciar con China, por ejemplo. Los negocios son los negocios. Cuando conviene, el reproche queda en unas palabras huecas para el consumo interno.

Nada nuevo bajo el sol. Durante el régimen franquista se llegó a la retirada de embajadores por iniciativa de las Naciones Unidas. Las excepciones fueron, si no recuerdo mal, las de Argentina, El Salvador y Trasjordania (Jordania aún no existía). Luego, pero mucho antes de que se dieran en España los primeros signos de apertura política, las cosas cambiaron. Eisenhower se lució junto a Franco por las calles de Madrid y los empresarios extranjeros pusieron entre paréntesis la democracia pendiente.

Nuestro celo de conversos tras cuatro décadas de una dictadura que se prolongó sin dificultad hasta la muerte de Franco -¿por qué vamos a falsear la Historia?- nos ha jugado una mala pasada. Las relaciones con Guinea Ecuatorial se fueron enfriando mientras que otros países, como Francia, Estados Unidos y Marruecos, llenaban el vacío dejado por los españoles. El dinero no huele, según frase atribuida a Vespasiano, el emperador romano que gravó los mingitorios públicos; y el petróleo, añado yo, tampoco. Los olfatos demasiado finos lo tienen difícil en el mundo del dinero. Pronto nos dirán que el presidente Obiang Nguema ya no es tan corrupto, y que los intercambios económicos favorecerán la democratización de su país. Pero no nos engañemos con explicaciones de andar por casa. Ocurre que sea cual fuere la corrupción de sus gobernantes, la renta per cápita en Guinea Ecuatorial lleva camino de superar a la de los Emiratos Árabes del Golfo Pérsico. Las estructuras básicas del país se encuentran, según nos dicen los ilustres visitantes, a la cabeza de África y su balanza comercial con España les es claramente favorable.

Algo habremos hecho mal cuando las empresas españolas se instalan en China o en Cuba, donde los derechos fundamentales no destacan por su buena salud, o se encargan de ampliar el Canal de Panamá, mientras que poco contamos en Malabo pese a nuestra mejor posición de salida. Guinea Ecuatorial fue, primero como colonia y después como provincia española, un modelo de prosperidad en lo que antes se llamaba el continente negro. Ahora vuelve a serlo. Nuestra colaboración será buena para ambos países en el terreno económico. Si además ayuda a la democratización de un pueblo al que nos unen muy fuertes vínculos culturales, lingüísticos e incluso religiosos, pues miel sobre hojuelas.

22/07/2009 | 14:51 h.

José Luis Manzanares

Bio José Luis Manzanares
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