Va a resultar ahora que el misterio del modelo económico "sostenible", al que alude una vez y otra sin desvelarlo el presidente del Gobierno, guardándolo en el pecho como el viático de su salvación política, no estriba en consideraciones y cálculos propios de la ciencia de los bienes escasos, sino en una martingala política propia de la ciencia ficción. Algo así como aplicar a los sistemas de organización social y programación económica el injerto del ADN de un dinosaurio económico y social.
Convengamos que el sistema corporativista, en el que convergieron ingredientes de doctrina pontificia, socialista y fascista (Musolini fue un socialista evolucionado, o involucionado, según se mire), pertenece a una especie formalmente extinguida, pero de cuyos restos se pueden rescatar testimonios de su ADN. Y no sólo rescatarlos sino instalarlos en la médula de la democracia parlamentaria española y en el código genético de la economía de mercado. ¿Qué pasaría?
En el más feliz de los supuestos daríamos con un híbrido de muy robustas prestaciones en términos de paz social, capaz de absorber los efectos de los más rudos y violentos temporales derivados de las crisis más variadas. Los sindicatos aceptarían cuanto se les pusiera sobre la mesa de las negociaciones, y la mediocridad social derivada del pacto para el crecimiento mínimo de la economía con el de la renuncia individual a cuanto pudiera considerarse insolidario, se resolvería colectivamente en un escenario infinito de infinita y perpetua paz.
Los componentes esenciales de la utopía corporativista quedarían así resucitados del todo, restablecidos e institucionalizados. El artefacto funcionaría llevando a cada lado de su marcha las nubes rosadas del amanecer y los arreboles del ocaso que anuncian un mañana feliz impulsado por el viento de la de la Historia; en ceñido paralelo, por si algo faltara, con los atambores del socialismo del siglo XXI marcándole el paso y la capitanía al Duce del Orinoco.
En todo eso y en mucho más pudieran consistir la propuesta y la respuesta a cuanto coinciden en señalar el presidente del Banco Central Europeo, el gobernador del Banco de España y el ex vicepresidente económico en los gobiernos de Aznar, coincidiendo, en la urgente necesidad del cambio de política económica, en las eficientes reformas laborales y en los apremiantes cambios estructurales.
¡Pero qué sabrán estos economistas!, se habrá dicho para su coleto quien ya le dijo algo muy parecido a Ramón Tamames cuando un día le preguntó en el Congreso sobre cuándo iba a hacer las dichas reformas.
Al final parece que la cosa está bastante clara para el presidente Rodríguez. No es hacer un cambio de política económica para ponerse al paso de todas las naciones que reactivaron ya sus economías. Lo que hay que hacer, conforme los líderes sindicales plantean, es una resurrección del corporativismo salazarista, musoliniano y franquista.
Entramos en la crisis negando que la había y no saldremos de ella en mucho tiempo, al mismo paso que los demás, diciendo que los demás no están en el modelo sostenible.

