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José Javaloyes

José Javaloyes

La involución política iraní

22/07/2009 | 14:51 h.

La involución política iraní, desde la flexión a la democracia -iniciada en el marco del integrismo islámico- hacia la teocracia irrestricta, representada por el Líder Supremo de la Revolución, Al Jamenei, parece haber llegado a un punto crítico. No es otro este punto que la rebelión, desde dentro del propio sistema, contra el impuesto y tramposo resultado de las elecciones celebradas el 12 de junio, que trae como efecto la consolidación de Mahmud Ahmadineyad en la presidencia del Gobierno.

Aquella demonización de la democracia política que fue el sermón del Guía Supremo (GS, de aquí en adelante) en la Universidad de Teherán, al afirmar que las protestas de la calle no prevalecerían contra la versión oficial de los resultados, estableció la premisa de que la voluntad popular se habría de subordinar a la voluntad suprademocrática del Consejo de la Revolución: el órgano del sistema que institucionaliza la voluntad del GS.

Pues bien, frente a ese punto de no retorno que representa toda la inmensa represión desplegada desde el entonces por el sistema -en la que se ha destacado de forma muy especial la brutalidad de las milicias parapoliciales ideadas en su día por el GS cursante-, han alzado su voz el candidato derrotado Mir Husein Musavi y Mohamed Jatami, que presidió las dos legislaturas anteriores al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad. Ante la pretensión del GS y su beneficiario, Ahmadineyad, de dar por zanjado sin más el asunto, proponen los liberales la celebración de un referendo para zanjar el debate sobre la validez de las elecciones.

La fórmula, válida de principio y por principio, enfrentaría, de aceptarse, la imposibilidad práctica de escrutar los resultados con las garantías suficientes. Estaríamos ante el mismo problema en el que naufragaron las elecciones del 12 de junio. Para soslayar esa dificultad habría que establecer un mecanismo de supervisión del escrutinio que fuera exterior e independiente del sistema mismo. Algo que llevaría al establecimiento de observadores internacionales y que, no puede ser de otra manera, se toparía con la oposición radical del GS. Obstáculo muy apreciable en la propia medida que el GS es la única instancia en la que reside la capacidad constitucional de convocar los referendos.

Y como quiera que el titular de esa prerrogativa ha dicho ya, como argumento supremo, que la oposición política, instalada en la demanda de luz y contables sobre la voluntad popular, haya sentenciado ya que los opositores están apoyados desde el extranjero, parece poco menos que metafísicamente imposible el que tal referendo se celebre.

Se ha llegado con esto a algo que se ya se veía venir, tal como nos cupo señalar, el falso y tramposo debate entre la libertad política y el patriotismo. Algo a lo que todas las dictaduras acaban por plantear un día. Sean dictaduras de derechas, militares, como la que cayó en Argentina por la guerra de las Malvinas; o dictaduras de izquierdas, como la de los Castro en Cuba y, ahora, con la del enturbantado GS de la República Islámica de Irán. Se trata de la más socorrida estafa ideológica de los sistemas enemigos de la libertad política, desde el sovietismo al teocratismo islámico. Mal rollo este con el que tienen que lidiar los liberales de Irán. ¿Soportará la prueba el sistema iraní del GS?

22/07/2009 | 14:51 h.

José Javaloyes

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