Tan a huevo estaba la salida con el ofrecimiento de elecciones anticipadas en Honduras, como planteó el legítimo poder de Tegucigalpa -para que, así las cosas, el asunto quedara en tablas, pues no habría ni vencedores ni vencidos, preservándose de tal modo la institucionalidad del proceso-, como a huevo quedó el "compromiso" de ZP con lo de Garoña después del sólido dictamen del Consejo de Seguridad Nuclear sobre el presente y el futuro de la central de Garoña; con lo cual se le exoneraba del compromiso de desamantelamiento.
Pero no, para el presidente Rodríguez lo de su carácter es como lo del cuento de la ranita y el escorpión. No lo puede evitar. Su talante supuesto sólo es el carácter real y efectivo: algo superior a sus fuerzas. Por eso tanto cabe hablar del garoñazo de Honduras como del iracazo sobre lo mismo, retirando la cooperación y definiendo la renuncia a todo arbitraje, el rechazo de toda mediación.
Después llegará el crujir de dientes cuando vengan las consecuencias, es decir, las facturas por daños y quebrantos en las relaciones iberoamericanas. La diplomacia española ha renunciado a ser árbitro o juez para ser menos que parte. Una facción más entre los agentes desestabilizadores de la democracia política, el crecimiento económico y la consolidación de las libertades en la América de habla española.
Hay que darle el gusto al gorila de Caracas, finísimo liberal y espada del constitucionalismo. Hay que complacer a los tiranos de La Habana. Hay que ponerse a la cabeza del populismo enrabietado del plutócrata comunista de Managua y seguirle dando créditos al "kirschnerismo" derrotado en las urnas y victorioso en las trapacerías sobre las multinacionales españolas en Argentina. Financiando el atraco de Aerolíneas con recursos crediticios que se les niegan a las pymes y familias españolas.
A la hora de redactar esta nota sólo se sabe que el depuesto Zelaya, si es que pretende llegar a cualquier de los aeropuertos de su país, lo hará solo o únicamente acompañado por el ex guerrillero nicaragüense que preside la Asamblea General de Naciones Unidas. El grueso del cortejo presidencial que le habría de acompañar, se ha quedado, con toda lógica, en El Salvador, viendo los toros desde la barrera.
La cuerda se ha tensado al máximo en esta gran ocasión perdida para el Gobierno español, tirando del cabo ofrecido por el presidente interino de Honduras, sin especificación de fechas, de hacer elecciones anticipadas. Se ha desistido de esa opción, despreciándola. Se ha cerrado una puerta y ahora veremos quién la abre.
Rodríguez ha errado una vez más y seremos los españoles quienes lo paguemos. Por lo menos, en rubor.

