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José Javaloyes

José Javaloyes

La carrera de Garzón

19/03/2009 | 14:47 h.

La exclusión de la candidatura del juez Garzón para presidir la Audiencia Nacional, de la terna elegida por el Consejo General del Poder Judicial, es un hecho que parece traducir la aprensión del órgano de gobierno de los jueces ante las incidencias que envuelven en estos momentos la labor profesional del "juez estrella", en lo concerniente a la instrucción del sumario sobre supuestas corrupciones, de variable cuantía o relevancia económica, en el Partido Popular.

El escándalo político y periodístico de las filtraciones sumariales -incoadoras de suyo de un paralelo proceso de opinión pública contra la primera fuerza de la Oposición parlamentaria-, al margen de las consecuencias que puedan derivarse finalmente de ello, resulta inseparable del episodio cinegético compartido por este magistrado con el anterior ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. Expresiva estampa y acabada alegoría de una colusión de poderes que desdice frontalmente de la institucional independencia de los jueces.

Todo ello compone una base suficiente para que el órgano de gobierno de los jueces entienda que ese entorno curricular del aspirante a presidir la Audiencia Nacional, no se corresponde con el perfil de prudencia y circunspección exigibles a los jueces en general y, muy especialmente, a quien aspira a presidir la Audiencia. Pero hay más objeciones posibles a tan polémico candidato. Se referiría una a su peripecia biográfica, de ida y vuelta desde la judicatura a la política y de la política a la judicatura: objetables viajes por la inevitable "impregnación genética" que resulta inevitablemente de la inmersión, tanto da que breve o demorada, por el partidismo y la pérdida temporal de la ecuanimidad. Corroboraría lo oportuno de tal apreciación crítica, el hecho mismo de la colusiva proximidad del juez aspirante y el ministro dimitido en la sonada cacería jienense.

A mayor abundamiento, parece descartar la posibilidad de que la candidatura del juez Garzón fuera sumada después, por el Consejo, a la relación de aspirantes que figuran en la terna actual, si se tiene en cuenta lo ocurrido con las percepciones dinerarias derivadas de las actividades docentes desempeñadas de forma episódica en Nueva York, sumadas a los devengos específicos de su actividad profesional en la propia Audiencia. Tanto más si las dotaciones para la congrua remuneración recibida por tales conferencias habían sido aportadas, de su mano, por un banco español cuya presidencia después resultaría exonerada por una resolución judicial suya, en cuyo procedimiento se debería haber abstenido.

La carrera del juez Garzón, cabe decir ya, viene marcando, por su atipicidad, poco menos que toda una época en la crónica de la judicatura española. Una época de confusión institucional derivada de la deficiente separación de poderes. En otro contexto es poco probable que se hubieran dado estampas tan singulares como esta del estrellato de Baltasar Garzón, en la que el brillo social no deriva precisamente de la ejemplar calidad formal y material de sus instrucciones.

19/03/2009 | 14:47 h.

José Javaloyes

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