El escándalo procesal del magistrado lanzadera no podía seguir mucho más, especialmente después del episodio venatorio. Que en su noticia gráfica de astas y cornamentas, con la promiscua comparecencia del ministro, el juez y el policía, escenificaba la anunciada (por Alfonso Guerra) muerte de Montesquieu y su garante división de los poderes del Estado. Sólo faltaba, para remate del cuadro, la presencia de algún diputado de la minoría mayoritaria como expresión del Legislativo.
Era la cosa -y lo sigue siendo aún- como si una república bananera de allende los mares se hubiera venido a España y asentado en Sierra Morena. Se ha convertido en un secreto a voces el secreto sumarial sobre la supuesta corrupción hemisférica en los dominios del Partido Popular, mientras las mismas hipótesis de corrupción en el hemisferio socialista permanecen judicialmente aparcadas para no restarle foco y presencia en los medios informativos durante estas vísperas electorales. Los goteos noticiosos de las filtraciones sumariales no sólo se han convertido en aguaceros, sino que sólo han regado informativamente a los medios adictos.
No se sabe si las artes discriminatorias se han practicado desde el nivel de la policía judicial, tan discriminatoriamente diligente, o desde el fondo mismo del secreto sumarial: condición infringida o bastardeada por la propia del magistrado. Tan hecho a ir del caño al coro y del coro al caño; es decir, de las puñetas a la política y desde ésta regresar hasta aquélla... Demasiada desenvoltura y exceso de desahogo para la ética y la estética del Estado de Derecho. Que es la condición suficiente y la base necesaria de toda democracia real. Pero no es eso lo único.
Recién apeado de las competencias que se había irrogado, como ubicuo exhumador del más sangriento pasado nacional, al aire de la Ley de la Memoria Histórica, es requerido ahora, desde la Fiscalía General del Estado, para que se inhiba a favor de Tribunales superiores de Madrid y Valencia.
A buenas horas mangas verdes, que a borrico muerto cebada al rabo. Políticamente, en ese sumario, justamente tildado de Causa General contra el Partido Popular (representante en números redondos de media España) no resta por desflorar extremo relevante alguno. La misión está cumplida. Y el secreto sumarial mismo se encuentra como el propio conejo de la Bernarda.
Pero mientras el magistrado cazador -que, como Marcelo tiene ya revelado a la luz de ESTRELLA DIGITAL, gusta matar las patirrojas a peón, abortándoles el despegue- entrega sumario y escopeta donde corresponde, ya se ha perdido el recuerdo de su justa recusación por los populares, dada su militancia manifiesta contra los encausados. Menos que en ningún otro proceso, no se puede ser juez y parte en un proceso político.
Había en derecho razones para la recusación, pero había motivos en política (sectaria) para que Baltasar Garzón rechazara tal exigencia. Historias como ésta posiblemente no tengan curso ni en la Venezuela de Chávez. Ninguno habrían de tenerlo aquí.

