Mañana volverán a verse las caras en San José de Costa Rica los comisionados del presidente depuesto, Zelaya, y del presidente interino, Micheletti, en la hipótesis de un pacto muy poco verosímil si no pasa por la retirada de uno y otro actor del escenario. Micheletti, a este respecto, adelanta ya su disposición a renunciar a la presidencia, siempre y cuando el depuesto Zelaya (al que la presidenta de Chile, Michelle Bachellet, da un tirón de orejas al pedirle que se calle y no haga llamamientos a la insurrección) renuncie a sus pretensiones y se comprometa a no regresar a Honduras. Otro capítulo, pues, se abre en la crisis. Aparte la oferta de Arias.
Frente a lo que por aquí y por allá se dijo, presentando el suceso hondureño como un golpe de Estado, un quítate tú para que me ponga yo, el giro de los acontecimientos comienza a dejar en claro para todos que las cosas fueron de otra manera, bien distinta de la imagen que consiguieron imponer los del "zelayismo", que eran los mismos del chavismo. La propuesta renuncia del interino pone la pelota en el campo del depuesto, además de abrir la vía para que del compartido desistimiento se derivara, poco menos que automáticamente, el consenso para la convocatoria de unas elecciones adelantadas; es decir, un evento de impecable constitucionalidad democrática que barrería los últimos vestigios de la crisis. Una situación esta que estalló, precisamente, del empeño del entonces presidente de instrumentar las urnas para permanecer a todo trance -con otro u otros mandatos-, pese a la imposibilidad constitucional de ello y a despecho de la resistencia del Ejército a ser cómplice de un golpe de Estado hecho desde el mismo Estado y por el propio jefe del Estado.
Veremos qué sale mañana del segundo acto en la mediación conducida por Óscar Arias, el presidente costarricense. Muy significativa ha sido, mientras tanto, la admonición de la presidenta chilena al depuesto Zelaya, por haber convocado la insurrección -lo que ha traído el regreso del toque de queda en Honduras-, puesto que la suya es una postura que representa, dentro y fuera de la OEA, la de la izquierda moderada dentro del mundo iberoamericano.
Y así, mientras las nubes rojas dejan de presidir el horizonte de esta crisis centroamericana, la diplomacia del presidente Rodríguez se sume en la oscuridad y en el silencio después de su inicial toque de rebato por la deposición de Zelaya en el ejercicio de su magistratura. De la convocada retirada de embajadores por los Estados miembros de la Unión Europea, sólo recuerdo haber visto la de mi amigo el jefe de la legación española en Tegucigalpa. Pero hay otros signos del cambio de los vientos en la crisis hondureña. Me refiero a la puntualísima publicidad dada en Washington a un informe sobre el disparado incremento del narcotráfico de las FARC colombianas a través del espacio venezolano.

