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José Javaloyes

José Javaloyes

Del Irán de ahora a la Venezuela de mañana

26/11/2009 | 11:09 h.

Es como la fábula del roto y del descosido. Mahmud Ahmadineyad, presidente de la República Islámica de Irán por la voluntad del Líder Supremo de la Revolución, Alí Al Jamenei, llegaba a Caracas desde La Paz y Brasilia, para darse un baño de solidaridad suramericana en su regreso a la cerrazón nuclear frente al mundo, al retractarse de la apertura negociadora ante los Seis, que había hecho en Ginebra sobre el enriquecimiento de uranio que se trae entre manos. Enriquecimiento nada brillante por cierto, al estar el mineral radiactivo con el que trabajan los iraníes, contaminado por mezcla de molibdeno, según aseguran determinadas fuentes.

Con el respeto y la confianza internacional por debajo de cero, desahuciado como interlocutor en todos los foros del mundo, Mahmud Ahmadineyad llegaba a Caracas para recibir el bálsamo de la solidaridad de manos de otro gran repudiado por el paciente mundo de las democracias normales y razonables, donde prevalece el Estado de Derecho y, sobre todo, tiene curso el régimen de libertades políticas, sociales y económicas.

Como anticipo y regalo de bienvenida al menguado de Teherán, su compadre el caudillo bolivariano, en su última homilía dominical, hacía el elogio del terrorista "Carlos" como héroe de la causa contra Israel, "injustamente" condenado a cadena perpetua por tribunales de Francia, cuyos agentes secretos lo cazaron en Sudán, lugar donde, como resulta sabido de todos, atan los perros con longanizas de cordero y es uno de los más acreditados reductos de la libertad, cuna del respeto a las minorías, y de los derechos humanos, en el atribulado Continente africano.

Para quienes aun no lo tuvieran suficientemente claro, esta visita del presidente iraní al lugar donde nace el "socialismo del Siglo XXI", visualiza el nacimiento de una galaxia política e ideológica a la que define mucho más lo que niega que aquello otro que define. Y lo que se niega, desde Caracas a Teherán, es el entramado de valores con el que se entiende el resto del mundo, salvo contadas excepciones que están en el ánimo de todos; especialmente, el totalitarismo norcoreano, que tiene más de autista que de comunista.

Sin embargo, pese a evidencias de tanto peso, la digamos política de Caracas a la que Ahmadineyad se acoge como refugio y sintonía, es en las actuales circunstancias referente de primera magnitud en la política iberoamericana seguida bajo la batuta de Miguel Ángel Moratinos. Una política y una diplomacia que parecen ejecutarse con las notas mismas de la "alianza de civilizaciones", que es la gran ocurrencia de fondo del presidente Rodríguez para este orden de menesteres.

De todos modos, lo que más nítidamente se advierte, más allá de las fanfarrias de Hugo Chávez, es la imposibilidad de que la suma de las limitaciones y los descréditos que cada uno aporta a la relación de alianza política, pueda convertírseles en algo de signo opuesto. Pero la complementariedad de los dos procesos permite ver como el presente del Irán de Ahmadineyad podría coincidir con el mañana de la Venezuela de Chávez.

26/11/2009 | 11:09 h.

José Javaloyes

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