Desde la vecina Managua, el depuesto Zelaya llama a la insurrección el mismo día que Óscar Arias, presidente de Costa Rica y patrocinado mediador en la crisis institucional hondureña, convoca una nueva reunión para el próximo sábado. Digo "patrocinado" porque lo fue por Washington. Y porque conviene recordarlo cuando se ha notificado la reanudación de las suspensiones semestrales de la Ley Helm-Burton, de castigo a Cuba, y la buena marcha de los contactos con La Habana para retomar las conversaciones sobre migración. Contactos interrumpidos en el 2003 por el presidente Bush, por el agravamiento del problema de los derechos humanos en la isla.
Guste como guste mirarlo, será siempre lo cierto que mucho es lo que tiene que ver el régimen comunista de Cuba con las condiciones políticas regionales que llevaron a la crisis institucional hondureña. Condiciones desestabilizadoras en la misma manera que lo activado desde la Caracas de Chávez, por impulso de La Habana de los Castro. No es otra cosa que una estrategia revolucionaria que pudo tener sentido en tiempos de la Guerra Fría, pero que en la actualidad no parece encontrar otra base que el fantasioso histrionismo populista venezolano, surgido de la fermentación transversal del petróleo caro y de las levaduras rojas de los otros hermanos Marx en su cortijo vitalicio de Cuba.
Washington tardó lo suyo en reaccionar sobre la crisis de Honduras, acaso por la nula o inexacta información sobre el problema, que había sido presentado como golpe militar desde la OEA -dominada por las izquierdas chavistas que impusieron el regreso de Cuba- lo que era una destitución institucional de Zelaya por prevaricar contra la Constitución hondureña, queriéndose valer del propio Ejército, para el montaje de un referéndum ilegal, como el boliviano, que le permitiera seguir mandando una vez agotado su actual mandato, en enero del 2010. La tardía e insuficiente reacción de Washington consistió en encargar a Óscar Arias que mediara en el conflicto.
Ahora, la cuestión es saber si todo lo de Obama quedará ahí, en la postulación por la Secretaría de Estado, de unas mediaciones costarricenses que resultan implícitamente rechazadas por Zelaya cuando éste convoca la insurrección desde Managua. Todo con el aparente objeto de movilizar protestas públicas como las habidas cuando anunció su regreso a Tegucigalpa, y que dieron lugar a que francotiradores a la berlinesa, como en el III Reich alemán, mataran a dos manifestantes, no comunistas en este caso sino zelayistas, para deslegitimar ante la galería al poder cursante en Honduras.
Nadie podrá negar que en todo esto se encuentra la larga mano del régimen cubano, en actual línea de comunicación con el Gobierno de Obama, no sólo para hablar del pasado sino también del futuro. El motor genuino de la desestabilización revolucionaria en el centro de la América hispana está en La Habana, que no en Caracas, desde donde la "revolución bolivariana" sólo ejecuta las instrucciones.
¿Es indiferente la "normalización" de este Washington de Obama a lo que inspira, promueve o consiente el régimen de La Habana? Se verá pronto. Lo de Honduras será un test. No sólo sobre la bondad de las intenciones, sino de la competencia gobernante.

