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José Javaloyes

José Javaloyes

Castro no traga

15/04/2009 | 14:48 h.

Pese al actual formato diárquico de la dictadura comunista cubana, Castro, como la propia madre, no hay más que uno. El otro es el jefe del Estado en funciones; pero el de verdad es el que realmente sigue mandando, aunque lo suyo sea oficiar por editoriales, en las páginas en el órgano periodístico del PCC.

Que el anuncio de Obama sobre la liberalización de las remesas de dinero a la isla y de los viajes de los cubanos a su tierra ha sido una medida muy inteligentemente calculada lo demuestra la reacción del supuesto "ex". Imposible decir más con menos palabras. "Cuba -afirma- ha resistido y resistirá" (...), "no extenderá jamás sus manos pidiendo limosna".

Esa condición norteamericana de que las remesas de dinero esté exenta de peajes y filtros a través de la burocracia del sistema le resulta del todo inasumible. Se resiste a que la circulación del flujo de dólares no engrase los ejes del carro castrista y, por el contrario, riegue en su integridad los resecos espacios de la sociedad civil cubana. Una sociedad administrada a golpe de cupón de racionamiento y fiscalizada en sus consumos a través de la policía que opera en los patios de vecindad, analizando la basura.

Ocurre, con eso y con otras cosas, que la dictadura del castrismo no sólo niega las libertades políticas, sino que se extiende también contra la libertad social y contra el fuero de la intimidad familiar y de la vida privada.

Tanto en esto de los dólares de socorro de los cubanos de afuera a los cubanos de adentro, como cualquier otra práctica de contactos y sistemas de ventilación establecidos a nivel social, por el levantamiento de los portillos que componen lo que el régimen cubano llama el "bloqueo", cualquiera de esos factores no se resolvería al cabo en el fortalecimiento de la dictadura sino justamente en lo contrario. En la liberalización de la sociedad cubana, que se le escaparía de las manos al fascismo verdeoliva como se escapa el agua entre los dedos de las manos.

Tan claro parece esto como que la necesidad -antes técnica que política- de trabar los ritmos del cambio norteamericano respecto del sistema cubano y sus blindajes de retórica con los compases de apertura hacia un proceso de transición a formatos de convivencia en los términos de libertad formal que se correspondan con los propios de una sociedad como la cubana de hace 50 años. Una sociedad políticamente perturbada por la dictadura de Fulgencio Batista, pero socialmente tan abierta como para que circulara, a través de ella, el embuste de la revolución libertadora.

Los compromisos de Castro con los soviéticos en los albores de la Guerra Fría, como agente de la URSS en el "bogotazo" revolucionario con el que, hace 60 años -diez antes de la revolución castrista- se quiso abortar la primera Cumbre panamericana; esa cara oculta del proyecto fidelista explicaría la depuración y las purgas, por el choque en el mundo de Sierra Maestra, de los liberales y los criptocomunistas que se hicieron con el régimen. Tal es el fondo histórico de un capítulo de la Guerra Fría que acabó, aunque el dictador insista en sus embustes y se resista a la evidencia de la apertura de Obama.

15/04/2009 | 14:48 h.

José Javaloyes

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