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José Javaloyes

José Javaloyes

Barack Obama se despega de dudas

11/11/2009 | 14:40 h.

Desde la catarsis de su victoria en la Cámara de Representantes, dentro de la guerra política sobre la reforma del sistema sanitario norteamericano (queda aún por librar la batalla del Senado), el presidente Obama, fortalecida la moral, parece despegarse de su condición de Hamlet oscuro y resuelve, por fin, sobre los caminos a emprender en la enquistada guerra de Afganistán, donde el enemigo es proteico, plural y poco menos que ubicuo. Está en todas partes y presenta las más diversas formas. Por eso la guerra de Afganistán es como un barco que ya navega y aún no se ha terminado de construir.

Aunque todavía no se ha presentado como plan definitivo -cosa que Obama certificará cuando regrese del viaje asiático que emprenderá mañana-, se ha definido ya en unos 40.000 soldados (lo solicitado por el general McChrystal, comandante de las tropas estadounidenses y de la OTAN) el orden de magnitud para el contingente de tropas que Estados Unidos enviará a Afganistán entre el año próximo y principios del siguiente.

Pero no son sólo cuestiones de cantidad de soldados las que se debaten ante las necesidades de la guerra afgana. También están los asuntos de cualidad respecto de los combatientes, tanto de la clase de tropa como la de oficiales, tenido en cuenta lo sucedido con Nidal Hasan Malik, de etnia árabe y oficial médico psiquiatra, que la semana pasada en Fort Hood (Texas) y en vísperas de salir destinado a la campaña de Afganistán, la emprendió a tiros con los presentes. Con una pistola en cada mano y al grito de "Alá es grande", dio muerte a 13 personas e hirió a 28, hasta que le neutralizaron a tiros.

Se abre con este caso, por los investigadores, la cuestión de si suceso así es un incidente clínico sin más, de estrés y saturación de un terapeuta aplicado a la cura de soldados traumatizados por sus experiencias bélicas, o de si se trata de una eclosión de militancia islamista, con o sin relaciones con Al Qaeda. ¿Qué condiciones ambientales son las necesarias para que estalle el proceder del terrorista precocinado en unas lecturas muy específicas del integrismo islámico? La pregunta tiene su formulación inversa: ¿qué grado de impregnación islámica se necesita para que una determinada circunstancia biográfica aflore el comportamiento de un terrorista?

Las interrogantes sobre la interacción entre culturas y comportamientos extremos como los que llevan al suicidio homicida contra otros conciernen preferentemente a quienes desde el islamismo extremo combaten o son combatidos por las fuerzas de la OTAN que hacen la guerra en Afganistán y pudieran hacerlo también en Pakistán. ¿Cómo y de dónde sale tanto suicida en uno y otro escenario asiático?

Visto el número de tantos comportamientos hiperextremos en el día a día de aquellos dos países asiáticos, cabe explicarse mejor la duda cartesiana en que suele sumirse el Hamlet negro de la Casa Blanca cuando le ponen delante los mimbres de la guerra de Afganistán. Operar con el número de combatientes de uno y otro lado, occidentales y orientales -de nación o de cultura y convicciones- es equiparable a la pretensión heterogénea de sumar bufandas y máquinas de escribir.

11/11/2009 | 14:40 h.

José Javaloyes

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