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José Antonio Zarzalejos

José Antonio Zarzalejos

A por Ruiz-Gallardón

02/02/2009 | 14:53 h.

Una de las más perversas falacias derivadas de la supuesta trama de espionaje y corrupción de la Comunidad de Madrid es esa que proclama que se trata de un pulso entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. No es cierto. Entre otras razones porque no existe simetría ni política ni personal entre ambos personajes, ni sus atributos intelectuales son los mismos, ni representan parecidos valores y proyectos. Todavía hay clases.

Ruiz-Gallardón ha tenido que soportar durante años la envidia de Esperanza Aguirre. Envidia a su brillantez, a su versatilidad y, especialmente, al éxito que supone ser el político más valorado en todas las encuestas de forma constante y sistemática. Al alcalde Madrid se le ha sometido desde la Administración autonómica bajo el mandato de Aguirre a todo tipo de zancadillas políticas y administrativas. La presidenta de Madrid se jacta de la amistad que mantiene con el personaje que desde la radio de los obispos ha injuriado al regidor madrileño, sin importarle que lo haya denigrado y lo siga haciendo. Aguirre ha favorecido toda cuanta hostilidad ha podido para lanzarla contra Ruiz-Gallardón, hasta llegar a la insólita decisión de amagar con abandonar la presidencia de la Comunidad de Madrid y entrar en la lista al Congreso en las pasadas elecciones si el alcalde accedía a ellas. Para Aguirre, Ruiz-Gallardón ha sido, y es, una malsana obsesión, una acomplejada obsesión. No correspondida por Alberto Ruiz-Gallardón, que ha encajado con elegancia los embates de la lideresa hasta límites de insospechada paciencia.

Ahora que Esperanza está acosada por la realidad político-administrativa que ella ha consentido y de la que se ha servido, ni a ella ni a sus conmilitones se les cae de la boca Ruiz-Gallardón. Porque quieren que la pestilencia que les anega le alcance al alcalde y aquí se produzca, si se produce, un revival de Sansón y los filisteos. Es decir, que como a Aguirre le queda lo que le queda en política, no le quede más a su competidor. El plan de los aguirristas está claro: desafiar a Rajoy y lesionar a Ruiz-Gallardón, que es la única alternativa visible en el PP cuando ya no quede referencia alguna en pie. A eso se llama morir matando, aunque se busque el fallecimiento político del edil de la capital por erosión, poco a poco, palabra a palabra. Y esta partitura les suena estupendamente a los socialistas porque al que temen es al alcalde, no a la presidenta.

¿Quieren ustedes una prueba evidente de que es más importante hundir a Ruiz-Gallardón que salvar a Esperanza Aguirre? Pues lean al director del diario aguirrista y escuchen -moderadamente- la radio de los obispos. Verán cómo se aplican con denuedo a zaherir al primero en vez de defender a la segunda.

La diferencia entre uno y otra es mucha y larga. Ya la contaremos, que tiempo (y papeles) hay y habrá. De momento no caigan en la falacia de suponer que esto es un pulso entre ambos. Lo que está ocurriendo es el fracaso -tan previsto como inevitable- de Esperanza Aguirre y una muestra de la perversidad de la presidenta y su entorno de morir matando. Así de sencillo: van a por Ruiz-Gallardón, incluso a través del honrado y leal Manuel Cobo -a Rajoy lo dan por amortizado con demasiada precipitación-, porque tras ellos, el diluvio.

02/02/2009 | 14:53 h.

José Antonio Zarzalejos

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