Se confunde Esperanza Aguirre porque la trama de espionaje, responda a la autoría que responda, no "se quedará en nada". Lo importante de este sórdido asunto no es tanto -y ya es mucho- que determinados cargos públicos hayan padecido la violación arbitraria de su intimidad. Lo esencial consiste en saber por qué se espiaba. Y se espiaba por una razón clamorosamente comentada en todos los mentideros madrileños: porque la trama de vigilancias ilegales es sólo la consecuencia de otra, mucho más grave y sumergida, de corrupción. Y ambas se entreveran.
Cuando Álvaro Lapuerta -tesorero que fue del PP y miembro de la dirección nacional- se dirige a Mariano Rajoy el pasado mes de mayo para advertirle de que tiene la impresión de ser vigilado, el que fuera personaje emblemático del partido, además, se sincera con su presidente y le relata sus sospechas acerca de prácticas ilegales al margen de las que se perpetran con los seguimientos a determinados cargos públicos. Rajoy tiene en ese testimonio indicios, pero no pruebas, que le dejan entonces profundamente preocupado. Ese rumoreo clamoroso en Madrid acerca de la desaprensiva conducta de algunos cargos públicos viene de muy atrás, aunque hasta el momento no ha podido probarse.
Ignoro si el diario El País dispone de ese material tan sensible. Pero alguien posee información detallada al respecto, altamente comprometida y con un potencial políticamente letal. Ocurre que si se llega a desvelar este entramado de corrupción no sólo resultarían salpicados políticos sino también otras instancias privadas que han vivido en connivencia con aquéllas durante muchos años, que han jugado desde distintas posiciones y perspectivas a los mismos juegos de poder y dominación, que se han enriquecido al alimón y que se han repartido el libreto de un guión cuyo acto final era, sencillamente, la detentación de determinados controles.
Tras la agitación de los seguimientos ilegales está, en consecuencia, la corrupción, siendo los espionajes maniobras de pretendida neutralización, chantaje, coacción o amedrentamiento, en estrategias cruzadas con intereses divergentes. Estos episodios tardan en emerger y dar la cara. A veces necesitan años de putrefacción. Pero nunca "quedan en nada". Porque siempre habrá quien sea capaz de tirar del hilo. La verdad dispone de una enorme potencia, aunque siempre salga a la luz como si de un parto distócico se tratara.

