"Vivimos en una época henchida de fatalidad...Pero ¡qué ciegos están los hombres sobre los cuales se desencadena este tremendo hado, arrastrándolos a su vorágine, elevándolos o aniquilándolos! ¿Quién de ellos ve y comprende lo que con ellos y en torno suyo sucede? Quizás algún anciano sabio chino o hindú que mira silencioso en derredor suyo, con un pasado milenario del pensamiento en su espíritu; pero ¡qué a ras de suelo, qué mezquina y ruinamente pasados se muestran cuantos juicios y medidas emergen en la Europa Occidental y en América! ¿Quién de los habitantes del oeste medio de los Estados Unidos comprende verdaderamente algo de lo que sucede más allá de Nueva York o de San Francisco? ¿Qué sospecha siquiera un hombre de la clase media inglesa de lo que se prepara en el continente vecino, para no hablar de la provincia francesa? ¿Qué saben todos ellos de la dirección en que se mueve su proprio destino? Nacen entre ellos risibles variedades, tales como la superación de la crisis económica, inteligencia de las naciones, seguridad nacional y autarquía, para "superar" , con la prosperity o el desarme, catástrofes que abarcan generaciones enteras...".
"...A todo ello ha venido a añadirse, en nuestra cultura y desde el siglo XVI, para la mayoría, la imposibilidad, cada vez mayor, de lograr una visión conjunta de los acontecimientos y las situaciones de la gran política y la gran economía, y comprender, no digamos ya dominar, los poderes y las tendencias que en ellos actúan. Los estadistas auténticos son cada vez más raros. La mayor parte de lo que la historia de estos siglos se ha hecho y no ha sobrevenido de por sí, ha sido hecho por medias cucharas y aficionados que tuvieron suerte. Más, por lo menos, pudieron confiarse en los pueblos, cuyo instinto les dejó hacer. Sólo hoy se ha hecho tan débil ese instinto y tan fuerte la crítica palabrera nacida de una alegre ignorancia, que existe un peligro creciente de que un verdadero estadista, conocedor de las cosas, no sea ya siquiera instintivamente aceptado o tolerado a regañadientes, y sí impedido de hacer lo que haya que hacer, por la resistencia de todos los que pretender entenderlo mejor..."
Esta larga cita puede parecer escrita por un experto y docto observador político, después de haber seguido atentamente todo cuando se han dicho, en estos tres días atrás, los "medio cucharas" que, al amparo de una exquisita hospitalidad, en esto los italianos son envidiables maestros, han tenido largos coloquios de un bla,bla,bla, que, a lo más, en algunas semanas, se llevará el viento de las últimas, y esperamos débiles, sacudidas telúricas, consideradas como "normales" y previsibles consecuencias del terremoto, del día 6 del pasado mes de abril, que asoló una buena buena parte de la región de los Abruzos, incluyeno su capital, la ciudad de Aquila, donde se han dado cita los del G8.
Si alguien de entre los "media cucharas", - que se han encontrado en la ciudad de Aquila para tratar de resolver, sin ninguna posibilidad de éxito, desde el princio de esta alegre excursión campestre, aunque sólo fuera uno de los grandes problemas que aquejan a los habitantes del planeta Tierra - , se hubiera molestado en hojear Años decisivos, de Oswald Spengler, se habría encontrado con que esta cita, que he extraído del libro escrito por el autor alemán en 1933 ( uno de los escritores más leídos en toda Europa entre 1918, año de la publicación de su obra magna, La decadencia de Occidente, y la década de los 40), correspondía, perfectamente, a todo ese trajín entre paseos y fotografías, individuales o de grupo, entre los escombros de la ciudad martirizada, aún con huellas de gemidos y tragedias, y ponerse perdidos de "spaghetti alla carbonara" y consistentes quesos del lugar.
Una cumbre internacional, por muy mucha gente importante que en ella participe, no puede pensar, en sólo tres días, ni en echar un remiendo a temas tan dispares como la crisis económica, la lucha a la pobreza en el mundo, con especial atención al continente africano, que esos "medio cucharas" continúa explotando sin tregua ni pausa, importándoles un pito que centenares de miles o de millones de pobres criaturas mueran de sed o asfixiados por el sida porque las grandes multinacionales farmaceúticas les niegan, sistemáticamente, las curas que les harían sanar o aliviar sus sufrimientos, que se ponga fin a los experimentos nucleares y misilísticos de Corea del Norte, cuando los USA del Obama "bronceado" (según Berlusconi) poseen el mayor arsenal de armas atómicas del mundo, acabar con las declaraciones "negacionistas" del Holocausto judío, de ese loco suelto de presidente de Irán, Ahmadinejad, y a la vez querer conducirle a la razón por la vía de un diálogo democrático, "rogar" a China y la India que, al menos de aquí al 2050 ¡largo me lo fiaís! reduzcan en un 80% la emisión de anhídrico carbónico (pero ni a tan largo plazo ya han contestado que tararí tarará), el cambio climático, la resolución del problema del Oriente Medio, Israel y Palestina, creando como, solemnemente ha declarado Berlusconi "un plan Marshall para los palestinos" (a sabiendas que esas ayudas económicas irían a parar a la cuenta corriente personal, abierta en un banco de París, por el Arafat de turno, como ya sucedió, y no hace tanto tiempo, con ese terrorista internacional de tan infausta memoria), "tutelar" Afganistán, prolongando la estancia en aquel país asiático, de las fuerzas conjuntas de varias potencias extranjeras como USA y "potencitas" como Italia y España, es decir confirmar el "derecho" a la invasión y a la matanza diaria de decenas, sino centenares de afganos y un largo ecétera de temas grandes, medianos y menores...
¡Qué más da! ¡Cuánto más se alarga la lista, más bla-bla-bla, menos se hace y menos se enteran, ya que el completo dossier de esas fingidas conversaciones, incluído el documento final, estaba ya ultimado y redactado, con comas y puntos, desde hacía semanas, si no con algún mes de antelación a la reunión de Aquila, por los "sherpas", esos expertos funcionarios de la diplomacia internacional de los países industrializados que han tomado su nombre, en préstamo, del legendario "portador" Tensing Torkai, perteneciente a la tribu sherpa del Himalaya, que acompañó al neozelandés Emund Hillary en la aventura de ser los primeros hombres que conquistaron la cumbre del "techo del mundo" el 29 de mayo de 1953. "Sherpas" que ya están redactando el documento final que, también solemnemente, clausurará el del G20 que tendrá lugar en Pittsburgh, USA, del 24 al 25 del próximo mes de septiembre.
Algunas cosas, sin embargo, han emergido, con cristalina claridad, de la cumbre del G8 de Aquila. Primero, que la promesa de aplicar tres mil millones de dólares en los próximos meses para mitigar el desastre africano, es idéntica a la anterior, y no cumplida, adoptada en la anterior cumbre de los grandes de la Tierra.
Segundo, que de estos alegres paseos, por entre los escombros de la ciudad víctima del terremoto, de los grandes y de una buena parte de sus gentiles señoras, incluídas la etérea y muy bella italiana afrancesada Carla Bruni y la siempre conmovida señorona Michelle, esposa del presidente USA, la que ha salido verdaderamente reforzada, ha sido la imagen de Silvio Berlusconi que ha recibido toda clase de elogios por parte de sus compares internacionales de francachela, con la guinda sobre la tarta que le ha supuesto esa especie de "imprimatur" que le ha conferido Barak Obama definiendo como modélica la "leadership" del gobierno italiano.
Tercero, que el espíritu de mercader del italiano, no ha dejado perder la ocasión de esta cumbre para vender su marca y su "style", desde los pequeños vehículos Fiat de tracción eléctrica con que muchos de los "medio cucharas" llegaban a la sede de la reunión, hasta el conseguir que casi todos "adoptaran" una iglesia o un monumento histórico que reconstruir a sus expensas, hasta la publicidad de su tecnología avanzada e incluso de sus Armani, Prada...que han "firmado" hasta las sábanas, almohadas, colchas, toallas y cortinas de los aposentos donde toda esa extranjeridad, femenina y masculina, ha reposado de sus fatigas durante las noches de estas tres trepidantes y agotadoras jornadas de trabajo.
Cuarto, que ante la presencia de personalidades como Barak Obama, Gadafi, la Merkel, Mubarak..., a la de nuestro pobre "medio cuchara" de Zapatero, apenas si le han dedicado dos fotogramas televisivos y tres líneas escritas en los medios de información, notándosele, en exceso, que no le cabía una paja en el culo, en la foto de su estreche de manos con el presidente USA, que ha difundido la prensa de nuestro país.
Quinto, que, con todo esto, aquí se tiene la sensación de que habrá Berlusconi para un rato largo, en contra de los males augurios que para esta cumbre y para el Berlusca, en primera persona, vaticinaban los comentarios del inglés The Guardian, del español El País y bastantes más otros, muy duchos en política internacional, pero que se pegan soberanos patinazos la mayor parte de las veces que, juzgando las cosas de este país, ignoran, con despectiva altanería, la auténtica idiosincrasia que corre por estos lares.
Sexto que, precisamente ¡qué casualidad! en estos días se ha hablado mucho en la prensa del libro, recientemente aparecido en los Estados Unidos, escrito por David Heiman, Bobby and Jackie, a Love History' que cuenta del adúltero amor de la viuda del presidente John F. Kennedy, el presidente más amado por los americanos, con su cuñado Robert Kennedy y con el "consentimiento" de la esposa de este último Ethel y de las desenfrenadas noches eróticas de la delicada "First Lady" americana, al año de su viudedad, con Marlon Brando, a quien se llevó al lecho, según cuenta el actor en párrafos, por primera vez publicados, de sus Memorias, donde recuerda "las caderas masculinas y los músculos tensos" de Jacqueline "...no se si comprendía lo que estaba haciendo, sexualmente hablando, pero no hay duda que lo sabía hacer bien...".
Así es que, y para quedar en paz con la opinión pública que tanto le ha recrimianado, los devaneos eróticos de Silvio Berlusconi, con pedorrillas de tres al cuarto que le llamaban "papi", al lado de los de Jacqueline Kennedy, saltando de la cama de su cuñado, Robert Kennedy, a la de Marlon Brando (según la estricta lectura del publicado resumen del libro de David Heiman), es como un cuento para niños.
También esto ha formado parte del coro folklorístico que ha rodeado el G8 de la ciudad de Aquila. "De gentes así será el Reino de los Cielos", profetizaría Aldous Huxley, en el amargo final de su Punto, contrapunto.

