"Las Navidades llegan pronto para Putin", "Obama alimenta al oso ruso con nuestros aliados", "¿Dónde estaba Hillary el día de la gran rendición?", "Una puñalada en la espalda de nuestros amigos". Los titulares negativos en la prensa anglosajona han proliferado, aunque la de mayor influencia, inferior en número, haya reaccionado positivamente, "Nuevo realismo en la política de Estados Unidos", editorializa el Financial Times, "Un acierto", escribe The Guardian.
Lo que sí es obvio es que la medida de Obama de abandonar la construcción del escudo de misiles que se iba a instalar en Polonia y Chequia contra la amenaza de Irán no ha dejado a nadie indiferente. El Partido Republicano trata de sacar partido a lo que es uno de los más claros desmarques de la política exterior de Bush. En el pliego de cargos de los detractores está que ha creado un desconcierto total en los gobiernos de Polonia y Chequia, fervientes partidarios de Estados Unidos, y de la OTAN, que ven cómo Washington cambia bruscamente de postura. Polacos y checos, se arguye, quedan en evidencia ante su opinión pública y, sobre todo, con el abandono ven debilitarse sus seguridad frente a la temida Rusia. Para ellos la existencia del escudo era la mejor garantía de que Estados Unidos los defendería en cualquier circunstancia frente a Moscú. Tenía mucho de compromiso político.
La Administración ha explicado que Polonia y Chequia seguirán protegidas, que Irán no está cerca de tener misiles de largo alcance, que, por el momento, los de medio alcance pueden ser detenidos desde los buques americanos y que el programa era costoso y de no absoluta fiabilidad. Obama ha tratado de blindarse aclarando significativamente que la decisión estaba apoyada en las recomendaciones del secretario de Defensa (Gates, heredado de Bush).
Debido a que la noticia es agua de mayo para Rusia, la pregunta generalizada en los medios yanquis es si Obama conseguirá algo a cambio de su renuncia. Hoy por hoy se cree que eliminará suspicacias de Moscu y mejorará el ambiente. Incluso que los rusos acudirán más gustosos a las negociaciones sobre desarme. Pero hay un extendido escepticismo sobre un punto clave en la política de Obama: lograr que Moscú se alinee con Occidente a la hora de meter en cintura a Irán en el tema del arma nuclear. Rusia y China tienen toda clase de reservas y poseen el veto en la ONU.

