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Ignacio del Río

Ignacio del Río

El presidente que no amaba a los economistas

29/06/2009 | 14:53 h.

No hay sino que releer las páginas de economía de los diarios para encadenar la sombría realidad que cae sobre nuestra economía. Los brotes verdes son una auténtica exageración (Stephen Roach, gurú de Morgan Stanley). La OCDE urge desincentivar las jubilaciones anticipadas en España, que además generó el 71% de los parados de la eurozona desde diciembre del 2007 hasta abril del 2008. La OCDE ve el futuro de la economía española más negro que nadie. Prevé una contracción del 4,2% para el 2009 y un 0,9% en el 2010.

Mejor dejar a un lado la función recopiladora. Sin embargo, Zapatero continúa inmerso en un optimismo sistémico que le hace sobrevivir al riesgo, sistémico también, de nuestra economía. Sistémico, el adjetivo aportado por la vicepresidenta Salgado -perteneciente o relativo a la totalidad de un sistema general por oposición a local, según el diccionario de la RAE-. No sólo soportamos una crisis económica sino un lenguaje técnico-figurativo que pretende edulcorarnos los negros augurios que trae la realidad.

Es evidente que Zapatero es un político que hace un análisis exclusivamente político de la crisis y no va a dar su brazo a torcer frente a los tecnócratas, Trichet, Fernández Ordóñez, la OCDE, que le aportan escenarios de respuesta -reforma laboral, ampliación de la edad de jubilaciones, incremento de la imposición indirecta y rebaja de las cotizaciones- que el presidente considera gravemente perjudiciales para su modelo político. Zapatero no cree en la economía ni en los economistas y por eso no ha nombrado a Sebastián sucesor de Solbes. Piensa que España está inmersa en un proceso que tiene dos culpas que a él no le corresponden. La economía financiera desregulada y neoliberal y el ladrillo perverso con el que el aznarismo inundó el país. Está convencido de que, muertos los perros, se acabó la rabia, y desaparecido Bush y volado el ladrillazo, no hay sino que esperar a que la economía se reequilibre en el new deal interplanetario que representa Obama... y él mismo en España.

Por eso clamarán las voces en el desierto, pero Zapatero no tomará medidas de reforma estructurales, porque los cambios fundamentales, que son políticos, ya se han producido. A lo más, si sube el nivel del paro al 20% que se vaticina, con un déficit del 9,5%, dará una vuelta de tuerca a los impuestos de los ricos y regará el país con nuevos cheques sociales. Todo perfectamente coordinado con su hoja de ruta política, que pasa por el semestre de presidencia de la UE y el supuesto cambio de vientos en la economía mundial que traiga a España alguna brisa capaz de bajar el termómetro social antes de las elecciones del 2012.

Él no va a ser el presidente que haga pagar la crisis a los trabajadores y no aceptará un titular que diga a Zapatero que rebaje el despido. Ése es el pacto de sangre con los sindicatos, atrincherados en sus viejos esquemas de protección de los empleados, no de los parados, que le garantizan, a cambio, que no haya movilización social en la calle. Mientras, que negocien con los empresarios, y cuando tengan una propuesta común que se la presenten para hacerse la foto, mano sobre mano.

Los empresarios no han sabido defender con claridad e inteligencia las reformas necesarias y les han colocado el sambenito que quieren una reforma laboral para despedir más barato, cuando ya se ha mandado al paro a más de cuatro millones de trabajadores. Y atrapados en la lucha por la supervivencia de sus empresas y en sus intereses personales, a veces muy próximos a los contratos con el Gobierno, explican muy mal la realidad de un país que genera paro al doble porcentaje que los países de la UE.

En el PP, Rajoy está exultante después de los resultados y, sentado en su sillón de la calle Génova, sin nadie que se lo mueva, espera fumando un habano ver pasar por su puerta el cadáver político de Zapatero, asaeteado por las banderillas de la crisis, como un San Sebastián. La réplica de Zapatero, miércoles a miércoles en las sesiones de control del Congreso -Sr. Rajoy, usted sólo critica y no apoya las medidas del Gobierno para salir de la crisis, y no conocemos ni una sola propuesta suya-, le incomodan lo mismo que la lluvia fina de Pontevedra. La instrucción a Montoro ha sido tajante: modernidad y propuestas sólo en el cambio de la montura de tus gafas. De reforma laboral, ni mentarla. Que la defiendan los empresarios que luego se dan el pico con el Gobierno.

Y de aquí al otoño, con un 12% menos de turismo. Un otoño que empezará el 31 de agosto, con la Liga, para que nos entretengamos con el duelo de titanes del Madrid y del Barcelona, que distrae al personal, mientras los programas del corazón afinan sus objetivos para cazar a la chica que va en el Ferrari de Cristiano Ronaldo cuando madruga la Castellana.

29/06/2009 | 14:53 h.

Ignacio del Río

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