Si los geniales Buñuel y Dalí se plantearan desde el olimpo de las artes, donde residen la almas de los artistas que nunca mueren, hacer la segunda parte de El perro andaluz, probablemente la primera escena sería el autobús con la publicidad atea pasando bajo el balcón donde Maleni explicaba la crisis de las nieves y de Barajas. Al fondo, el edificio del arzobispado, en el que un inmigrante saca brillo a las llaves de San Pedro.
La ministra se ha convertido en un oscuro objeto de deseo. Rajoy se ha puesto el yelmo del feroz Conde de Camiña y la ha lanceado inmisericorde, mientras Nebrera le ha reprochado su acento andaluz. Un acento a medio camino entre la Isla del León, donde nació, y Málaga, donde se crió, pero que no tiene ni el deje salinero y zumbón de Cádiz ni el tono de los verdiales malagueños. Únicamente Arenas, en el PP, ha salido en defensa del acento de la ministra, como un caballero blanco, de pelo blanco, que ofrece su escudo y su mano a la dama caída. Con la otra mano, empuña el alfanje contra la catalana y le pasa factura a su presentación en las elecciones del PP catalán contra su protegida y antigua colaboradora, Alicia Sánchez Camacho.
Montserrat Nebrera, que es una mujer lista, ha confundido el acento con la retórica y debería haber dicho que tenemos una ministra con la retórica de Chaves, el presidente que se la endilgó a Zapatero, y la soberbia de Borrell, que cuando era ministro del mismo ramo zahería a otra andaluza de adopción, la alcaldesa de Cádiz, mientras le explicaba con tono disciplente una fórmula polinómica. Pero Maleni ni gana elecciones como Chaves, ni es eficaz sacando planes de infraestructuras como el ministro que baja en piragua por el Noguera Pallarés a los remansos del Segre.
A Chaves le pasa lo mismo que a la ministra. Habla a trompicones y no explica qué ha pasado durante los últimos 25 años en que ha gobernado para que, cuando llega una crisis, el paro siga asolando las tierras andaluza como en los peores tiempos. A ambos sólo se les entiende cuando se refieren al PP, que es cuando cambian los trompicones por los pescozones. De momento, la ministra se ha vestido con la bandera de Blas Infante y ha transformado las críticas a su gestión, que empiezan con los líos del Ave a Barcelona, en un plebiscito sobre el acento andaluz, cuya identidad se encuentra en los fenicios, Séneca, Abderramán III y en José María Pemán y la Jurado antes que en la señora Álvarez.
Pero el problema no es ni Maleni, lengua larga y eficacia corta, ni su acento. El problema es Zapatero y su Gobierno, que han convertido al Estado en una feria de acentos sin identidad propia y a España en el país con más parados y más alineado con los movimientos antioccidentales. La manifestación del pasado fin de semana, copromovida por el PSOE, contra el Estado de Israel es la deriva en la que disfruta Zapatero. Desaparecido Bush del escenario internacional, ya tenemos un nuevo enemigo de la Alianza de las Civilizaciones a pesar de que pensábamos que habíamos superado "la tradicional amistad con el mundo árabe" que se predicaba durante el franquismo como una de las líneas rectoras de nuestra política exterior. España, que fue sede de la Conferencia de Paz de Oriente Próximo, ha perdido la oportunidad de hacer un papel mediador, en coordinación con la Presidencia europea, aportando experiencia y méritos pasados. Oriente Próximo es un conflicto con singular repercusión en Europa y en los equilibrios de los países islámicos en su relación con Estados Unidos. Las pedradas a la Embajada de Israel y las declaraciones de Zapatero, alentando la manifestación, le harán torcer el gesto al presidente electo Obama.
El surrealismo se ha apoderado de la política española. Hemos cambiado a Álvarez-Cascos y Borrell por Maleni. Se han entronizado Montilla en Cataluña y Chaves en Andalucía. Ibarretxe quiere ser San Sebastián atravesado por las flechas de la Justicia, que se va a tirar a la calle harta ya de callar. En el siguiente rótulo de la película, ETA monta una nueva marca con el nombre de una casa de apuestas. Iberia sube en Bolsa y los pilotos se ponen en huelga. Y Rajoy, después de liarse a mamporros con la ministra de Fomento, le corta la luz a Mayor para que no salga en la TV y dice que, si no gana las elecciones, él sigue por el interés general. Menudo guión para Buñuel.

