Zapatero se va a enfrascar en la crisis. Así lo ha prometido tras el Consejo de Ministros, poniendo proa a la economía y al lacerante paro que, día tras días, engulle como Pantagruel a jóvenes y menos jóvenes. Instalado en el timón de la nave, sin mucho alrededor, no hay Gobierno pero tampoco oposición, ha cogido los manuales de Keynes como cuaderno de bitácora y dado voz de mando para que los oficiales Solbes y De la Vega cacen las velas y metan más carbón en forma de inversión pública en la sala de máquinas.
En medio, el lío de las Autonomías, que como, en los barcos piratas, piden doble ración de ron para no sublevar a la marinería. Imposible de cuadrar los números, Zapatero ha empezado a pegar pases empezando por Montilla y siguiendo por todas las ganaderías, con un estilo que recordaba a El Cordobés en sus mejores tiempos del salto de la rana. Con el pico de la muleta mete por la puerta de atrás a las Comunidades pobres, que contemplan como Cataluña quiere cerrar el grifo de la solidaridad.
Los Presidentes autonómicos vienen a Madrid como los bárbaros acudían a Roma, pero no rinden vasallaje, si no que sacan jirones del Estado para pagar a sus cortesanos, televisiones y regalías. Así, cómo se va a ir Chaves, entronado en Andalucía y que nos manda a sus ministras a Madrid, una con el flamenco y la otra con la mandanga de la lengua larga y la vista corta.
El Estado imposible de Liliput, en el que para que no falte de nada, pactan un Consejo General del Poder Judicial y a las primeras de cambio se ponen a darle patadas hasta en el cielo de la boca. Aquí se quiere una justicia de sastrería a medida, donde todos metan mano, no vaya a ser que un día alguno se siente ante los Tribunales y haya que recurrir al Presidente amigo de la Audiencia para que ponga firme al magistrado que tiene que dictar sentencia.
En las crisis, la económica y la de la justicia, ni un asomo de autocrítica de los políticos. ¿No decía Soraya, que ahora iban a hacer la revolución de la justicia? Poco tiempo ha durado el tiempo de gracia que le han dado a Divar, su presidente. Si la Justicia no se lleva por delante al juez Tirado o al juez Calamita, la respuesta es el corporativismo que les ciega, cuando el padre de la niña Mari Luz y las lesbianas de Alicante lo que tenían que hacer es demandar al Estado por el funcionamiento anormal, incorrecto y con tardanza causante de perjuicios de un servicio público víctima del abandono y que hoy padece también las consecuencias de su transferencia a las CCAA.
Y de la crisis económica para que hablar. La responsabilidad de los supervisores ni se plantea. La responsabilidad del legislador, que hace tiempo se abrió como una corriente doctrinal, no existe. Y los Bancos, Fondos de Inversión, agencias de rating y asesores financieros perfumados al aroma de Wall Street han dejado corto a Pilatos lavándose las manos. Por no haber, no hay ni libro de reclamaciones como en las gasolineras y los bares.
Pero como no hay Gobierno, ¿para qué queremos una oposición?, que se disfraza de niño en la felicitación de Navidad para que, si la critican, proclamar que son de centro y que Aznar y Aguirre son quienes les malean. Como los menores, también se han declarado irresponsables del carnaval autonómico que han montado. La felicitación de verdad es la que trae el saco de carbón con "la fórmula Camps" -yo como Cataluña- la realidad nacional de Arenas -a Chaves un patinete durante 25 años más y Nuñez-Feijoo con un diccionario de gallego para seguir las telenovelas. La animación la aporta Cospedal negociando bajo la mesa camilla con Barreda el fin del transvase Tajo-Segura y lejos, muy lejos, disfrazado de estrella, Rajoy.
Tenemos un país de irresponsables. Zapatero se ha subido a la columna de Peridis y, vestido con la capita, levita y transita entre presidentes autonómicos, líderes europeos, la economía y la justicia. El poder difuso y difuminado le convierten en el rey de los ciegos, dando mandobles a la piñata, copyright de Rajoy, para que los votantes se abalancen sobre los cheques regalos, la reducción de las retenciones a los hipotecados y la modificación de la Ley de Libertad religiosa, para que ni una fiscala se sienta molesta por el belén de la entrada ni un alto cargo de la izquierda jure en arameo ante un crucifijo. Van a modificar esta Ley para que la vicepresidenta pueda volver a la ONU a hacerse una foto con Ban Ki-moon, su secretario general, para lucir palmito, revestida de protección a los derechos humanos y lucha contra la discriminación. Y para advertir a Rouco, que, como diga más misas en la calle, le van aplicar la ordenanza que Gallardón quería sacar para multar a los hombres anuncio.

