El sastre Tomás da una vuelta de tuerca más en el caso de los trajes de Camps, que, por otra parte, es un tanto estrafalario. El asunto, al parecer, son ocho trajes que, en un principio, costaban unos 12.000 euros, según las filtraciones del sumario, y ahora, tras las declaraciones del sastre, quizá no lleguen a los 11.000. Pensar que el presidente de una comunidad autónoma puede ser sobornado así, por ocho trajes y ese coste, es un tanto extravagante, la verdad, así que sólo queda la posibilidad de un regalo en el contexto de unas relaciones más estrechas. Camps, que prefiere el mutismo a las explicaciones definitivas, asegura que se paga sus trajes, con lo que se entiende que éstos también, ya que nadie ha desmentido que sastre y cliente se conocieran e incluso que el segundo había llamado por teléfono al primero alarmado por lo que iba sabiendo. Si Camps los ha pagado y al sastre le ha pagado el socio de Correa Pablo Crespo sólo cabe, dando por bueno que el presidente valenciano no mantenga deudas por vestuario, que éste pagara a la organización que trabajaba para el PP. Así que Camps se paga sus trajes y Correa se ocupaba, además de gestiones, negocios, promociones y campañas, hasta de la apariencia de un grupo de dirigentes del PP. O, visto desde el otro lado, un grupo de dirigentes del PP, que pagan sus trajes, tenían una relación especialmente personal con los conseguidores que comandaba Correa.
El presidente de Valencia asegura que, como el asunto está en los tribunales, en ellos corresponde aclarar la cuestión. Si confía en que, dadas las dimensiones estrafalarias del asunto, el Tribunal Superior de Justicia de Valencia estime que no hay caso para continuar, allá él. Si cree que esto tiene que ser así porque cuenta con las correspondientes facturas, emitidas por el sastre o sus intermediarios, debería considerar que los efectos y las consecuencias de este asunto no son, sobre todo para él, que se dedica a la política y tiene un cargo público, exclusivamente judiciales. Todo ello, efectos y consecuencias, afectan a la opinión pública y ante ella debería responder Francisco Camps para aclararlo todo: los pagos y las relaciones con ese grupo de conseguidores que trabajaban para el PP y utilizaban el nombre del partido para sus negocios.
Así que no se trata de confiar en Camps, como hace el PP, o desconfiar en él, como hacen algunos medios de comunicación y muchos ciudadanos (dices "Camps..." y te dicen "ah, el de los trajes"), sino de que él mismo y su partido deben utilizar de inmediato los antivirales. Porque Correa y los suyos son un virus.

