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Germán Yanke

Germán Yanke

Los pobres del Este

11/11/2009 | 14:40 h.

El aniversario de la caída del Muro de Berlín ha servido también para que, en medio de las celebraciones, se insista no sólo en las diferencias que aún perviven entre las "dos Alemanias" existentes antes de la unificación, sino en el hipotético desencanto en muchos países de la antigua órbita soviética. En algunos casos se trata de constataciones sociológicas que deberían llamar la atención sobre problemas concretos a resolver: en otros es, sin más, la cantinela anticapitalista (o en general antioccidental) según la cual, pasado el sarampión, la gente se muestra descontenta o nostálgica. Estar descontento es propio del ser humano, pasados los efluvios de la ilusión momentánea. Manifestar el descontento es propio, por su parte, de los sistemas democráticos y abiertos, ya que en muchos de esos países, antes del derrumbe del comunismo, no se podía hacer. Las únicas opciones eran aguantarse en silencio o escapar, que es para lo que precisamente construyeron el muro en 1961. Por mucho que exista y que se manifieste, sin embargo, un reciente estudio sociológico de la norteamericana Pew revela que, aunque sea en menor medida que en 1991 -año en el que se realizó el sondeo anterior- en todos los países salvo en Ucrania, la mayoría celebra el cambio, la democracia y el sistema capitalista. Es más, el índice mayor de aceptación está entre los jóvenes, que suelen ser personas más comprometidas que otras y, desde luego, menos nostálgicas.

La realidad es que, a estas alturas, lo único que se puede decir es que los países del este de Europa están sólo relativamente peor que los del oeste. La cifra de paro es superior a la media de la OCDE, aunque inferior al caso excepcional que supone España, como muestra de debilidades y espejismos que nos deberían preocupar más que las comparaciones fáciles. Hay corrupción, sin duda, pero ése es un mal general y la lista de escándalos en los viejos países de la Unión hace palidecer las de otros lugares. Es cierto que sus sistemas financieros precisan una ayuda extraordinaria sobre la que ya están la Unión Europea y otras entidades internacionales, pero sus males mayores en este campo se enmarcan en los generales, hasta el punto de que las celebraciones berlinesas han coincidido con la reiteración de que las debilidades del sistema financiero europeo siguen exigiendo ayudas a la banca. El proteccionismo en el que se refugian cada vez más a menudo las grandes potencias supone demasiado a menudo una injusticia con esos países y el resto de los emergentes o del Tercer Mundo.

Si las cifras son incontestables, aunque no se puede establecer criterios generales ya que muchos de esos países partían de situaciones dispares y han tenido evoluciones distintas, también lo es que, desde el occidente europeo, el paternalismo o el desdén es el envoltorio con el que se disfraza que a menudo no se les quiere dar la oportunidad que merecen de igual a igual. No es fácil la igualdad (lo demuestra el lento camino hacia la homologación de la Alemania unida y lo demuestra también la variedad de situaciones regionales en España. Pero ser tratados como iguales y sin proteccionismos nacionalistas sería más importante que cualquier ayuda.

11/11/2009 | 14:40 h.

Germán Yanke

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