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Germán Yanke

Germán Yanke

Una oposición contundente

19/03/2009 | 14:47 h.

A la inoperancia del Gobierno -el presidente debe de estar evaluando daños y el coste de los cambios para una remodelación que se impone- se suma la presión de una parte del PP (afiliados y medios de comunicación) para que se haga una oposición más acerada. El tono más elevado se observó ayer en la sesión de control en el Congreso -y no sólo por las palabras de Mariano Rajoy y la alusión a una moción de censura- y algunos dirigentes populares van por ahí comentando que les paran en la calle pidiendo "más caña". Todo depende, claro, de la gente con que uno se reúna o se tropiece, pero el éxito en Galicia y la proximidad de las elecciones europeas hacen que enseñen y afilen las garras.

Una oposición contundente, que es necesaria, precisa imaginación e inteligencia. Ése es el reto, más que conseguir palmaditas de aprobación en las sedes populares. Imaginación para que los procedimientos sean variados porque termina cansando que cada ministro interpelado y criticado sea siempre "el mayor problema". Ayer, "el mayor problema para los policías" era, según el diputado Cosidó, el ministro de Interior, como si ya hubiéramos terminado con el terrorismo. Es sólo un ejemplo porque ya se ha convertido en costumbre: antes "el mayor problema" era el ex ministro Bermejo (para la democracia), la ministra de Fomento (para los viajeros), la de Educación (para la salud mental de los estudiantes), Solbes (para la economía), etc. No estaría mal cambiar un poco el tremendismo, jerarquizar las inutilidades y los problemas y dar la impresión de que se tienen distintos argumentos para distintos problemas.

Durante la ingeniosa y trabajada campaña electoral de Nicolas Sarkozy para las elecciones presidenciales francesas, los asesores (que fueron muchos, incluidas empresas demoscópicas y de estrategia) le dieron, basados en el estudio de los mercados y del posicionamiento de las ideas en la opinión pública, un consejo que terminó cosechando un buen resultado: que más vale una propuesta que un diagnóstico. Suele ser lo que precisan los electores, que sobre la inoperancia de los gobernantes tienen ya su parecer formado. Si la alternancia requiere una alternativa no hay que esperar a la campaña electoral, como otras veces se ha hecho, tanto porque el tiempo no se estira como porque en las urnas, al elegir papeletas, se juzgan también las trayectorias.

Una acción política en la que se complementen los diagnósticos severos con las propuestas razonables y bien explicadas tiene sus riesgos. Es más sencillo criticar sin alternativa (y elevar el tono de las quejas para disimular la falta de soluciones) y añadir que es al Gobierno al que le corresponden las iniciativas y a la oposición juzgarlas. Es más sencillo, pero menos provechoso porque, en el túnel de "los mayores problemas", lo que se demanda es un poco de luz y no la reiterada confirmación de la oscuridad.

19/03/2009 | 14:47 h.

Germán Yanke

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