Como el asunto es tan grave, voy de un lado a otro, de una declaración a un artículo, de un documento a una intervención parlamentaria, buscando afanosamente qué nos propone la oposición -incluso los ocasionales socios del Gobierno y algunos socialistas descontentos- para solucionar el secuestro del Alakrana por los piratas somalíes. Sabemos que el PNV encontró por fin, antes de este secuestro, un cometido adecuado para el Ejército español: custodiar a los pescadores vascos o, mejor, a los barcos de armadores vascos con tripulaciones de variada procedencia. A esta pretensión del PNV se sumó el PP aunque, por el momento, no acabo de ver claramente en las declaraciones de unos y otros la regla general, más allá de los casos concretos. ¿Cuándo el Estado, a través de las Fuerzas Armadas, debe proteger a nacionales haciendo negocios en zonas de peligro? ¿El empresario que quiere vender madera en una zona arriesgada de alguna antigua república soviética tendría derecho a ir acompañado de uno o más soldados? ¿Hay un número de personas implicadas para justificar la presencia del Ejército, la Policía o la Guardia Civil? ¿Comporta algunas exigencias o se trata de un nuevo derecho que debe sumarse a los ya novedosos derechos que el Ejecutivo planteó en la anterior legislatura? No encuentro la respuesta.
Producido el secuestro del Alakrana no logro descubrir, siempre interesado de aquí para allá, si se reprocha al Gobierno no haber actuado militarmente en el momento de producirse, después, o ahora mismo. Ha habido quien ha apuntado en ese sentido al mismo tiempo que reclama que se haga caso a las familias de los secuestrados que se han manifestado abiertamente en contra. O todo vale para criticar al Gobierno o no hay modo de aclararse por mucho que nos salgan de debajo de las mesas especialistas en actividades bélicas o en operaciones antiterroristas. Una intervención militar, como la que desecharon hace no mucho los alemanes a pesar de estar tan preparada como la hipotética de los marines españoles, debería tener como objetivo el fin del asalto o la preservación de la vida de los secuestrados. Lo primero es fácil, sin duda; lo segundo implica riesgos que nadie quiere lógicamente asumir mientras existan otras opciones. Todo el mundo está muy preocupado y nadie quiere dar la orden de comenzar un operativo así.
¿Lo que se está pidiendo es que se pague cuanto antes el rescate, que se aumente si es preciso, para que los marineros sean liberados de una vez? Lo curioso es que no se plantea como un remedio desesperado, sino que, cuando se reclama sin que en realidad se reclame abiertamente, se quiere dar la impresión de que hacerlo sería tomarse en serio el asunto y actuar de una vez en contra de una supuesta pasividad. ¿Sirve el criterio, si es general y no una trampa de la angustia, para todo secuestro? Leo: "Esas pobres y fuertes mujeres vascas...". Sí, claro, pero también en torno a los secuestrados hay pobres y fuertes mujeres gallegas y pobres y fuertes mujeres africanas. ¿Hay que pagar? No encuentro una declaración seria, ni privada, de algún político escandalizado con el Gobierno que nos diga que sí, que hay que pagar, que eso es lo que hay que hacer con los secuestros, que lo dirían de igual modo si el o los secuestrados fueran presos de una mafia, de un narcotraficante o de la banda terrorista ETA.
El Gobierno, en este escenario, tampoco formula principios generales, sobre todo cuando desde sus propias filas se hace una interpretación torticera de la reciente reforma legal sobre la jurisdicción universal para evitar el procesamiento en España de dos de los piratas y enviarlos a otro lugar como si el barco no fuera realmente español, que es lo que por otro lado se repite para reclamar la actuación del Gobierno. ¿Algún representante político ha dicho que la Audiencia no tendría que haber actuado? El presidente Rodríguez Zapatero dice que la situación podría estar "encauzada"; la vicepresidenta Fernández de la Vega, que se busca "una fórmula". Da la impresión de que si unos van a la desesperada, otros pretenden desesperar al Gobierno. ¿Quién gana? Por el momento, los piratas.

