Las críticas al modo en que el Gobierno diagnostica la crisis económica y se enfrenta a ella no deberían empañar el deseo de que se reaccione de una vez, es decir, de que, junto a las decisiones acertadas (que, por cierto, han obtenido un amplio respaldo en el Congreso), se acometan las reformas necesarias con la seriedad y la profundidad que la situación requiere. Por lo primero -el apoyo conseguido-, el Gobierno debería saber que, si establece un mínimo consenso y negocia con voluntad de acuerdos, podría repetirlo y aportar a la sociedad, con el añadido de confianza que generaría el entendimiento, mejores y más profundas soluciones incluso compartiendo el coste, en determinados sectores, de una cirugía cuya necesidad es evidente.
Es falso que el PP no haya explicitado sus recetas, como repite el Gobierno para no analizarlas y discutirlas. Lo que el PP no ha hecho, y debería, es la conveniente pedagogía política sobre las mismas, pero éste es un asunto que afecta a la percepción social de los partidos y no al fondo del asunto que debe ser considerado por el PSOE. También CiU ha hecho un esfuerzo para presentar, en temas concretos pero fundamentales, propuestas y ofertas de consenso. Y es en ese contexto en el que resulta descorazonador la actitud del Gobierno. Ni lo que puede ser una base de entendimiento práctico entre partidos como el PP y ERC le parece materia para la negociación con el principal partido de la oposición. Ni lo que parecían avances en materia laboral entre el Gobierno y CiU ha resistido la amenaza de los dos diputados de IU-ICV, como si la apariencia de progresismo fuese más importante que la racionalidad en las medidas o como si el triunfo pírrico en algunas batallitas menores valiese más que ponerse a trabajar en un plan global y coordinado.
El Gobierno, más apegado a la retórica que al consenso, suele decir que los críticos con su política económica se desvían de las líneas marcadas en la reunión del G-20 a la que el presidente Rodríguez Zapatero fue invitado. Si la disculpa no tiene otro sentido que reconocer la falta de argumentos, ahora sí que se puede decir que es el Gobierno el que se aleja del sentido común con el que se ha enfrentado internacionalmente la crisis financiera y sus consecuencias en la economía real: el diálogo, la búsqueda de consensos, la sinceridad en los diagnósticos y la búsqueda del modo para superar los miedos que amenazan las medidas precisas.

