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Germán Yanke

Germán Yanke

El Sahara no está en Nueva York

17/12/2009 | 14:37 h.

La valentía de Aminatu Haidar ha conseguido ya dos cosas importantes. La primera, en España, que el olvidado tema del Sahara y nuestras responsabilidades con la antigua colonia vuelvan al primer lugar del debate y de las preocupaciones de una opinión pública que arrastra al Gobierno. La segunda, en el mundo, que se subraye, al menos en la mayor parte de los países occidentales, la ignominiosa actitud de Marruecos con el Sahara Occidental y en el respeto (o la falta de él) a los derechos humanos. No le basta a la activista pero, desde luego, es una victoria en toda regla. Tendrá que administrar bien ahora sus opciones y, en la cuestión concreta de su vuelta a El Aaiún, encontrar con el Gobierno de España y el apoyo de otros países una solución razonable en la que su causa no se vea dañada y tampoco pierda, por maximalismo, los aliados que ahora tiene.

España, sin embargo, no sólo tiene que buscar una vía para solventar la situación de Haidar. Debe ser consciente de que tiene una responsabilidad muy especial con el Sahara y su autodeterminación. La Constitución de Portugal, por ejemplo, compromete formalmente al país, en su vuelta a la democracia, con la independencia de las colonias africanas, reconociendo de este modo las lógicas responsabilidades de la metrópoli. En España, al parecer, había que olvidarse del Sahara (no dejándola a su suerte, sino en las manos armadas de Marruecos), para prestar atención a la restauración de la democracia. Si aquello ya no se puede remediar, la responsabilidad de España debe ser retomada. No se trata, y nadie lo pretende, de mantener una política de enfrentamiento total con Marruecos, pero sí de tener claro que, en las relaciones con ese vecino, la posición de España debe estar, siempre, del lado de la autodeterminación del Sahara. Y con todas las garantías.

El ministro Moratinos dijo ayer que eso, la libre autodeterminación, es el corolario de una solución justa y definitiva para el Sahara. Quizá como se preveía, la reacción inmediata de Marruecos (el rey pretende ligar su plan de "autonomía" a la lucha contra el terrorismo islamista, que es su baza con los países occidentales), el presidente afirmó en el Congreso que esa cuestión es un tema de Naciones Unidas. Lo es, para empezar, por dejación de otras responsabilidades y lo es, a continuación, con las trabas permanentes de Marruecos, que desempeña con habilidad su papel con la amenaza islamista. Pero ni una cosa ni la otra quitan que la autodeterminación del Sahara deba ser, antes, durante y después de la huelga de hambre de Haidar, una cuestión y una responsabilidad españolas. No es tema, por tanto, para globos sonda, declaraciones complementarias y juegos de palabras, sino para comprometer al Gobierno seriamente. Ni el Sahara está en Nueva York ni Naciones Unidas puede servir, a estas alturas, como disculpa para desquitarse de las obligaciones españolas con la antigua colonia.

17/12/2009 | 14:37 h.

Germán Yanke

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