Los que, como el que suscribe, hemos sostenido que el PP debería dedicar buena parte de su tarea política a proponer y explicar propuestas concretas de cambio y reforma -y no sólo, como algunos de sus dirigentes defienden- esperar o acentuar el deterioro del adversario, que es evidente, tendríamos que repetir hoy aquello de "no es eso, no es eso". Con la sensibilidad y las tribulaciones que implican algunos sucesos recientes (el último, la nueva detención del condenado por el asesinato de Sandra Palo), el señor Arenas, y a continuación algunos otros, afirman que se debería plantear en España el debate sobre la cadena perpetua (Esperanza Aguirre, más precisa, ha hablado de la cadena perpetua "revisable") y sobre la reforma, una vez más, de la Ley del Menor. Ni es conveniente hacer estas propuestas al hilo de las emociones suscitadas por determinadas circunstancias ni parece serio que, a estas alturas y sobre cuestión tan importante, no se añada cuál es la propuesta concreta a debatir.
¿La condena perpetua, a la que se alude citando la legislación comparada, iría acompañada del cumplimiento íntegro de la pena o sería revisable? Porque, en este caso, los años de cárcel, como ocurre en otros países que la tienen, terminarían siendo menos que los que aquí se cumplen. Y, en el otro, se eliminaría totalmente la posibilidad de reinserción. ¿Piensa el PP, como aseguran el Gobierno y buena parte de los jueces, que la cadena perpetua implica la reforma constitucional? ¿Está dispuesto, en ese caso, a abrir tan peligroso melón en este preciso momento? No se puede plantear una cuestión de esta naturaleza sin las cautelas y las concreciones iniciales necesarias, al menos desde el primer partido de la oposición.
Hay quienes dicen que el PP está vivo y que se reflexiona y se sugiere desde muchas instancias, pero, a la vista de lo que viene ocurriendo los últimos días, resulta muy razonable pedir que se esperen unos y otros a que hable Rajoy. Parece menos nervioso que los demás.

