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Germán Yanke

Germán Yanke

El PNV y Batasuna

16/11/2009 | 14:50 h.

El presidente del PNV, Íñigo Urkullu, dijo al conocer que el Tribunal de Estrasburgo no estaba dispuesto a revisar su sentencia sobre la ilegalización de Batasuna que, para ésta, el contador estaba en ese momento a cero. El drama del nacionalismo vasco se multiplica tanto por su culpa como a su pesar. El del PNV ha perdido el poder en el Gobierno vasco, muestra debilidad en el resto de instituciones (y teme perderlo también en las próximas elecciones locales y forales) y comienzan a alentar -de nuevo- las diferencias en su seno. En tan lamentable situación, el PNV ha venido insistiendo en que la Ley de Partidos ha modificado el mapa político vasco y ahora, con la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, en la que pasmosamente tenían puestas sus esperanzas, se ha demostrado que la única modificación en el mapa ha sido impedir que las ramificaciones de una banda terrorista se presenten como un partido político normal.

La insistencia de los últimos tiempos en la consolidación de una "mayoría social" -la nacionalista- no sólo se da de bruces con la realidad exterior, sino también con la interior del propio PNV. No conseguirá esa supuesta mayoría sin ETA y sus ramificaciones, lo que supone, por las necesarias cesiones (y como ya ha ocurrido en el pasado), establecerla en un proyecto totalitario. No es fácil, como partido de orden y de intereses, que un intento de esa naturaleza, además de su lamentable contenido, sea aceptado por gran parte de sus bases y votantes. El disimulo con el que se plantea -que lleva la contrapartida del constante desprecio de la izquierda abertzale- es prueba de que los anteriores intentos bajo la égida de Juan José Ibarretxe ya no contarán en el futuro con el miedo de los moderados a la ruptura. En la medida en que el alejamiento del poder se haga más palpable, la resistencia sera cada día todavía menor.

Ahora le queda a ese PNV desconcertado el deseo de que Batasuna, como dice Urkullu, ponga el contador a cero y empiece un nuevo rumbo. Un deseo imposible. Si la experiencia reiterada de estos cincuenta últimos años demuestra que no hay en ETA los recursos intelectuales y morales precisos para abandonar una violencia que es parte de su esencia y de su ideología, el documento hecho público estos días ratifica que en su seno nada ha cambiado. Otra vez la negativa a condenar la violencia de la que dependen, de nuevo la exigencia sin sentido de que se termine negociando su antidemocrático programa por el hecho simple de que pueden seguir amenazando con la violencia. Más de lo mismo incluso en el momento en que los ciudadanos, las instituciones y los tribunales europeos han dicho basta con la contundencia que el asunto requiere. La mayor desgracia para el PNV no será, desde luego, la pérdida del poder, sino fiar su futuro, por desesperación, a una Batasuna cuyo contador va -sigue yendo- para atrás.

16/11/2009 | 14:50 h.

Germán Yanke

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