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Germán Yanke

Germán Yanke

La ONU demuestra su inutilidad en Ginebra

21/04/2009 | 14:44 h.

El previsible descalabro de la Conferencia contra el Racismo de la ONU (o de revisión de la de Durban, que también terminó como el rosario de la aurora) revela claramente la inutilidad de la organización para resolver los problemas del mundo actual, y muy especialmente los que hacen referencia a los derechos humanos. El secretario general, Ban Ki-moon, puede lamentar muy mucho la ausencia de importantes países en la reunión de Ginebra -todos ellos democracias acreditadas-, pero la causa del desastre y del espectáculo lamentable al que ha dado origen está en la ONU, en la presión constante de dictaduras de todo tipo y en la conversión de algunas de ellas, por obra y gracia de la dirección del organismo, en decisivas para discutir temas como el racismo y los derechos humanos.

Es tan inútil la ONU para la defensa de las libertades que, por el momento, sólo ha servido en Ginebra para dar cobertura al discurso antisemita, antioccidental, fanático y antidemocrático del presidente de Irán, Ahmadineyad, campeón de los atentados contra los derechos humanos. Si Durban no tuvo nada de fructífero para luchar contra el racismo, porque las dictaduras quisieron utilizar la conferencia para defenderse a sí mismas, la revisión de Ginebra, al dejar a un lado la experiencia anterior y la multitud de advertencias previas, constituye una vergüenza descomunal. Si había, que ya es difícil, alguna duda, ahora ya no queda ninguna: quien quiera luchar por los derechos humanos o contra el racismo, quien quiera defender la democracia, tendrá que elegir un foro distinto. La ONU no sirve.

Ban Ki-moon no tiene la capacidad de disimulo de la inutilidad de la organización que tuvieron algunos de sus predecesores, pero el problema es más de fondo. La mayor parte de sus actividades, y en concreto la organización de esta Conferencia de Ginebra, no está basada en los principios que subrayan la retórica y los documentos, sino en las contrapartidas en las que desempeñan un papel preponderante muchas dictaduras (y algunas sanguinarias). Baste como ejemplo que esta reunión sea presidida por Amos Wako, tantos años fiscal general de Kenia, incapaz de sobreponerse a las presiones oficiales para abordar los casos de corrupción en su país, como el famoso 'caso Golldenberg' y causante, en ese contexto, de la condena del editor del Post on Sunday, Tony Gachoca, reiteradamente denunciada por Amnistia Internacional y muchas otras organizaciones de defensa de la libertad de prensa.

Al hilo de la libertad de prensa, Ban Ki-moon, al estilo de su patético mandato, ha pretendido salirse por la tangente con la denuncia, al mismo tiempo, de la negación del Holocausto y de la islamofobia. Está muy bien, pero ni resuelve ni atiende al problema planteado. Lo importante para los antisemitas activos en Ginebra, con el presidente iraní a la cabeza, es la negación del derecho de Israel a existir. Lo que piden los ausentes es, además del respeto a la verdad histórica, el respeto a ese derecho que se quiere conculcar con la disculpa de un falso racismo. Y, de otro lado, lo que algunos países musulmanes pretenden es que, para defender su particular racismo, se proceda, bajo la condena de la islamofobia, a limitaciones impresentables de la libertad de expresión. Eso es lo que está en juego y en lo que la ONU, incapaz de defender la verdad y las libertades, se convierte en cómplice.

21/04/2009 | 14:44 h.

Germán Yanke

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