El Gobierno -primero la vicepresidenta, nada poética, luego el mismísimo presidente, que lee a Gamoneda- se ha inventado lo de los "brotes verdes" para vender la idea de que, al final del túnel (o mejor en el desierto), se ven síntomas de recuperación económica. Tendría su gracia si el desastre no hubiera sido anunciado y si no supiésemos, como lo certifican análisis de todo tipo, a izquierda y derecha, que la recuperación no será posible en un dilatado periodo y que las penalidades continuarán. Los "brotes verdes", como sabemos, es que en el último mes se ha destruido menos empleo del que se vino abajo el anterior. Más realista, desde el punto de vista de la situación angustiosa en la que se encuentra el Gobierno, es prometer el incremento y la seguridad de la protección social y asegurar que el déficit no será problema, ya que a nadie se le oculta que la crisis sigue siendo profunda y que, en España, tiene –acelerado- el efecto de un desempleo mucho mayor que el de otros países, incluso en aquellos en los que la crisis financiera ha sido mucho más intensa. Brotes verdes, por lo tanto...
La estrategia de generar confianza con redes y metáforas campestres no cuadra, de todos modos, con los síntomas de nerviosismo gubernamental que no ha logrado calmar la intencionada palmadita en el hombro del último sondeo del CIS. A lo largo de todo el fin de semana, los dirigentes del PSOE, en los mítines previos a la campaña de las elecciones europeas, han arremetido contra el PP del pasado (Aznar y compañía) o con una caricatura de PP que les resulta más fácil criticar (que si va en la dirección contraria al G-20, etc.). No es, ciertamente, la actitud de quien se siente seguro y avista un paisaje lleno de verdura tras las ruinas del momento. No es, desde luego, la actitud que tienen otros dirigentes políticos -tampoco en los integrantes del famoso G-20-, que ni pretenden abandonar la prudencia y el realismo, aunque quieran maquillarlo de vez en cuando, ni se atreven, como parece que ocurre aquí, a echar la culpa de todo a la oposición.
López Aguilar, que es un hombre inteligente y que conoce los entresijos de la política europea bien, se abona, en vez de presentar una propuesta, al chiste fácil: la foto de Aznar y sus ministros como la "peor" derecha de Europa, la que "da miedo". Mal día ha elegido para referirse al vano esfuerzo de nostalgia del ex presidente y el candidato popular al Parlamento Europeo, ya que ha venido a coincidir con el momento en que Sarkozy y Merkel, los amigos de Aznar, se oponen al ingreso en la Unión de Turquía por mucha Alianza de las Civilizaciones que Erdogan quiera suscribir con Rodríguez Zapatero. Aznar ha sido también estos días el blanco del presidente, al que debe ver como un fantasma entre los "brotes verdes". Con tanto nerviosismo hace, en el fondo, un favor al PP de Rajoy, que ya va por otro lado, que casi le basta con esperar que se estrellen unos y otros. O se resbalen con los brotes.

