Tanto la opinión pública medida a través de encuestas como la publicada en los medios está decididamente irritada con el Gobierno Zapatero; no hay quien defienda las medidas, la estrategia (¿) y las posibilidades de este Gobierno más allá que sus propios miembros y algunos otros dirigentes, no todos, del partido que lo sustenta.
Las dos encuestas de El País y La Vanguardia, que merecen crédito y han sido siempre consistentes, son las peores que ha tenido cualquier Gobierno durante el último cuarto de siglo. Para el Gobierno sólo hay dos indicios alentadores. El primero que la oposición, aunque tiene mejor intención de voto, tiene aún peor imagen y notas más malas que las del propio Ejecutivo. Rajoy tiene más rechazo que Zapatero y el PP menos aceptación que el PSOE. Los dos grandes partidos están en una pendiente de perdedor-perdedor que les desgasta por igual en beneficio de nadie o, sólo de los partidos menores pero sin relevancia suficiente como para un vuelco.
El otro dato alentador es que el derrumbe de las expectativas tiene que ver con la situación económica y las medidas adoptadas para hacerla frente. La economía está peor que la política y sufre el rechazo de más de tres cuartas partes de los encuestados. Y se agudiza la incoherencia entre la apreciación de la situación económica general y la personal o familiar. La general es calificada de mala o muy mala por el 81% de los encuestados (sólo el 6% la considera buena), mientras que la misma pregunta sobre la situación familiar refleja un 58% de buena o muy buena y sólo un 17% de mala o muy mala.
Las encuestas que manejan los partidos no son muy distintas. En el PP dicen que tienen una ventaja de cinco puntos y no descartan que el paso de los meses y el aumento del paro pueda empujar al abismo a los socialistas, tal y como les ha ocurrido a sus colegas de Alemania y Gran Bretaña. La estrategia popular es dejar que el tiempo trabaje a su favor y aguantar los envites de sus propios problemas.
Mientras, el Gobierno se va peleando con todo el que se le pone por delante. Estos días, con el FMI a cuenta de las previsiones para el próximo año, también con el Banco de España a pesar de su bajo perfil y la prudencia de sus observaciones, y en todo momento con los demás grupos y personas que sostienen tesis distintas a las oficiales. Tanto en Moncloa como en Ferraz empiezan a preocuparse por la soledad que empiezan a sentir y por el tono y extensión de las críticas. Tal y como suele ocurrir en estos casos, achacan el problema a errores de comunicación y confían en que el tiempo vaya debilitando las críticas. También esperan que los problemas del adversario les ayuden a no perder su base electoral.
En resumen, una situación política deplorable por mediocre, con un Gobierno agotado y sin pulso, salvo algunas iniciativas de los nuevos ministros de Educación, Sanidad y Fomento que muestran iniciativas razonables. Prácticamente nadie defiende al Gobierno, ni siquiera en voz baja. Y sin embargo sigue ganando las votaciones en el Parlamento.

